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Primeros adioses

Hay personajes que parecen intrascendentes y sin embargo determinan las historias. Yoda, Rafiki, Samsagaz Gamyi. O Corea del Sur en este mundial, que sin jugarse nada venció a los alemanes y les condenó a ver los cruces por televisión. De esta forma se cumplió la maldición que impide al vigente campeón superar la fase de grupos. En el fútbol juegan once contra once, mas (felizmente) no siempre gana Alemania.

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Lance del Corea del Sur-Alemania. Fuente: @FifaWorldCup.

Me entristeció la eliminación de Senegal. A los africanos no les faltaron puntos, sino que le sobraron un par de cartulinas amarillas. En cualquier caso, ojalá Colombia y Japón, clasificadas de su grupo, lleguen lejos. Las selecciones de fútbol se asemejan a las personas: amar a una no implica odiar a las demás y se puede querer a más de una. Quien lo probó lo sabe.

Comenzaron los octavos de final y su primera víctima fue La Albiceleste. Les pasaron por encima unos galos hasta ahora irreductibles, comandados por un Mbappé que anotó dos goles en cuatro minutos.

La Argentina de Rusia 2018 se reveló como lo que es: una escuadra mustia, messicéntrica y antipática. A los amantes de Borges y Cortázar nos resultaba difícil empatizar con una banda tan desafinada y sin armonía. Ay, qué lejos quedan Batistuta o Hernán Crespo. Manu Ginóbili, leyenda del baloncesto de aquel país, lo tenía claro: “no basta con echarle huevos, también hay que jugar bien”.

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Gabriel Batistuta es sustituido por Hernán Crespo. Fuente: ambito.com

Uruguay consiguió lo que nadie: vencer a Portugal tras neutralizar a Cristiano Ronaldo. Los charrúas saben ganar y sufrir. Solo por eso me parecen junto a belgas y brasileños el conjunto más peligroso del campeonato.

Ni Messi ni CR7 ganarán el mundial. Lo siento por sus aficionados, pero lo considero una buena noticia para el fútbol. La televisión y las redes sociales no nos darán más la matraca con sus respectivos peinados, dietas o estados de ánimo. Si la Fifa, Nike y Adidas están resentidas, el aficionado de a pie ya tiene un motivo para sonreír.

Hoy “disfrutaremos” de un España-Rusia y de un Dinamarca-Croacia. Me invade una extraña sensación y presiento que los anfitriones se jugarán los cuartos contra los daneses, también rubios, también de rojo. Lo “normal” sería un España-Croacia, pero intuyo que a las favoritas les invadirá el mal de altura e, indispuestas, se verán obligadas a hacer las maletas. Ojalá me equivoque una vez más.

Dicen que el de Rusia está siendo uno de los mejores mundiales. A mí también me lo parece. Tras los primeros adioses extrañaremos a selecciones muy carismáticas y a sus aficiones, cánticos y colorido. Al final solo puede quedar uno, ya que “del subcampeón no se acuerda nadie” (Luis Aragonés dixit). No obstante, mientras se mantenga vivo su fútbol de toque, lo que queda de torneo merecerá la pena. Y si triunfan aquellos que fueron sus pupilos, mejor que mejor.

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Emoción y sorpresas

Hace algo más de diez años, el Milán y el Liverpool disputaban la final de la Champions en Estambul. Vi con mi hermano la primera mitad, que concluyó con los italianos ganando de tres. Optamos por ir a dormir, “que mañana hay cole y esto ya está resuelto”. No hay día que no me arrepienta de aquella decisión, pero en parte me lo merecí. Por bocazas.

Desde entonces soy más cauto. He asumido la creencia irracional de que si doy por hecho una derrota tendrá lugar una remontada. Este mundial parece corroborarlo. ¿Ejemplos? Serbia-Suiza y Alemania-Suecia. Ganaron las que debían perder para regalarnos una última jornada de emoción, acaso de sorpresas.

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Los del Liverpool celebran la remontada, culminada en la tanda de penaltis. Fuente: @InvictosSomos.

Bélgica e Inglaterra se hincharon a goles y empatan a todo antes de enfrentarse. Sus futbolista se conocen porque juegan en la Premier. Me caen mejor los Diablos Rojos. Los entrena un compatriota, llevan años a un gran nivel y además son políglotas. No sé qué es más infrecuente: un día de sol en Reino Unido, un británico chapurreando otra lengua o una selección inglesa que pase de cuartos.

Uruguay se metió en octavos con pleno de victorias y sin encajar un gol. La Celeste funciona aunque no reluce. No les hace falta. Ahí va un equipo ganador y un serio aspirante al título.

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Lance del Uruguay-Rusia. Fuente: @fifaworldcup_es

La única diferencia entre Portugal e Irán es Cristiano Ronaldo, afirma el realizador Juan José Patón. Los primeros seguirán molestando durante las eliminatorias. Irán se va a casa con la cabeza bien alta. Les faltó un punto. Otro año lo conseguirán.

España se clasificó con sufrimiento. La destitución de Lopetegui conmocionó a una plantilla de niños grandes. Puros y resistentes, terribles y obstinados, cual verso de José Agustín Goytisolo. Estaban casi fuera y en los minutos finales el VAR los convirtió en primeros de grupo. Mal nos pese, la Roja es la nueva Italia.

Felicito a Marruecos por su esfuerzo en el último partido. Dar la cara no es común cuando no te juegas nada. Al igual que los persas, no tienen de qué avergonzarse. Ojalá pronto veamos un campeón africano. Estoy convencido de que será bueno para el fútbol y para esta globalización que parece inevitable.

Voy a echar de menos la fase de grupos. En las eliminatorias no hay carambolas. Resultados blancos o negros, juego gris, prórrogas y penales. Bueno, no siempre. Todavía se sueña a lo grande y algún que otro combinado resucita mientras los espectadores tomamos cañas. Que así sea.

 

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Fútbol a pico y pala

Uruguayos, portugueses y españoles redescubrieron lo chungo que es un mundial. Los ‘unoacero y sufriendo’ valen oro en cualquier torneo; quienes lo discuten no alzaron un título en la vida.

El diario Clarín contrapuso “la España de sufrimiento de Lorca” a la “charanga y pandereta de Machado” en su crónica sobre la victoria de La Roja ante Irán. La prensa argentina es la mejor siempre y cuando no aluda a La Albiceleste. Entonces se transforma en Telecinco.

Muchos despreciaron el juego iraní por tosco. Para mí lo hicieron bien. Los persas me recuerdan Lovecraft: poco estilo, muchos seguidores y ahí siguen, escamosos y arcanos. En la última jornada se enfrentan a un Portugal cristianodependiente y pusilánime. Temo un empate a uno gracias a un tanto de Ronaldo en cada meta.

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La selección iraní ante España. Fuente: @fifaworldcup_es

Egipto, Marruecos y Perú quedaron eliminadas; Australia tiene pie y medio fuera. No me parecen malas selecciones, pero sin puntos nadie se clasifica. Así lo estipula el contrato que nadie firma y todos conocen antes de embarcar. Aunque no lo parezca, una fase de grupos es más letal que la peor eliminatoria. Que se lo pregunten a los chilenos.

Mención aparte se merecen los argentinos. Su duelo ante Croacia se preveía como un combate feroz entre Rocky Balboa e Iván Drago. Esta vez el público también hablaba ruso, pero los del Este noquearon a los americanos, que acabaron como el bueno de Apollo Creed. Los de Sampaoli dependen de otros para pasar de ronda. En el fútbol todo es posible, pero aquí lo más probable es que consuma el drama. Cuestión de actitud.

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Iván Drago golpea a Apollo Creed en ‘Rocky III’. Fuente: thefancarpet.com

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Modric celebra su gol ante Argentina. Fuente: @fifaworldcup_es

Colombia se hizo el harakiri ante un Japón que amortizó su ventaja numérica. Los cafeteros se la juegan ante Polonia, que palmó contra Senegal. Presiento lágrimas a un lado de la pista.

Cientos de senegales y nipones llegaron tarde a la primera cerveza porque se quedaron recogiendo la basura en los estadios. Qué manera de rematar sus triunfos. Esas son las imágenes que deberían viralizarse: el civismo nunca sobra. Solo espero que se mantenga en los partidos venideros.

Quedan mucho fútbol y bastante emoción, aunque creo que no tantos goles. Ojalá me equivoque. Tengamos fe. Y sobre todo, sigamos disfrutando de este grandioso espectáculo.

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Días de Super Nintendo

Mi primer contacto con el fútbol de selecciones fue gracias a la Super Nintendo. La culpa la tuvo el Fifa International Soccer del año 94, al que mi hermano y yo dedicábamos mañanas y tardes enteras durante los veranos.

El juego no tenía licencias y el potencial de los equipos se medía en barras. El mando era pequeño y los botones estaban durísimos. Lo digo en serio: desenvolverse requería más destrezas que el nivel B1 de cualquier idioma.

La prueba de fuego consistía en ganar a la máquina con un equipo proletario, nada de Brasiles o Italias. Si lo lograbas, ya sabías jugar. En otras palabras: había que emular al México que derrotó a Alemania el pasado domingo.

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Partido en el Fifa International Soccer. Fuente: Fifplay

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Lance del Alemania -México. Fuente: @fifaworldcup_es

El movimiento se demuestra andando, a ser posible sin muletas. Me cansan quienes presumen de favoritos solo porque cuentan con un excelente jugador. En el fútbol, como en la vida, hay que hablar en el terreno de juego. Todo lo demás es filfa.

Vencieron Croacia y Serbia; probablemente las veamos en octavos. Cuando hagan las maletas, nos acordaremos de la mítica Yugoslavia y de su camiseta azul eléctrico.

Hay países en los que me alegro de no haber nacido aunque festeje sus triunfos. Con Francia me pasa lo contrario. La eliminación de la Eurocopa de 2000 todavía escuece. En mis peores pesadillas creo ver la rosada calva de Barthez. Con todo, prefiero a los gabachos antes que a ingleses y germanos. Es fútbol, no pretendáis entenderlo.

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Selección de Yugoslavia en el Mundial de Italia 1990. Fuente: rasadeportes.com

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Fabien Barthez defendiendo la portería gala. Fuente: es.fifa.com

El seleccionador surcoreano admitió haber alternado los dorsales de sus pupilos. El objetivo, atentos, era confundir a los europeos, “ya que tienen problemas a la hora de distinguir las caras de los orientales”. No sirvió de mucho, pero me quito el sombrero ante su ingenio. Por cierto, ¿alguien se imagina la que le hubiera caído al difunto Luis Aragonés por comentar algo parecido? Ay.

Hace un par de décadas, el gobierno de Islandia decidió fomentar el deporte entre los jóvenes para acabar con el botellón. ¿Resultado? Mientras los más juerguistas del instituto ven los partidos en Mediaset, sus coetáneos islandeses se encuentran en Rusia dándole a la bola. Islandia tal vez sea el único que país que me gusta tanto como su selección. En parte porque visten como mi Linares Deportivo.

El VAR me parece la pesadilla de los marrulleros. Ahora no les queda otra que jugar bien. Yo siempre seré más de bar, con “b”. De discutir las jugadas polémicas entre ruido, cerveza y tapas. Sobre todo cuando el resultado es lo de menos porque se enfrentan Suecia y Corea del Sur.

Mi hermano y yo también jugábamos al Super Soccer. Nos gustaba menos: no salía España. Su música, en cambio, molaba más. Os dejo comprobándolo. Mucha suerte a todos en la jornada venidera.

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De Corea y Japón a Rusia

Me encantan los mundiales de fútbol. Los asocio a los polo-flash de KELIA, a sacar del armario las bermudas, a la fiesta de fin de curso. También a derrotas inesperadas que neutralizaron todos los triunfos anteriores. Así fue hasta el año de Sudáfrica.

El fútbol evade y atonta, no lo niego. Pero también colorea jornadas intrascendentes. En esta latitud, cuando el calor todavía no ahoga, se convierte en el complemento perfecto del chiringuito o la piscina. Días largos, buen tiempo y menos trabajo. Para qué pedir más.

Veo imágenes del mundial de Corea y Japón -el primero que recuerdo- y me invade la nostalgia. Muchos que veían los partidos con el papá y el abuelo ahora lo hacen con sus hijos. Algunos futbolistas de entonces todavía participan, solo que como entrenadores. No se me olvida la imagen de Fernado Hierro encarándose con un árbitro egipcio, ni la de Aliou Cissé liándosela a la Francia de Zidane. Por cierto, ese torneo lo ganó otro Ronaldo que también se fue al Madrid.

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Hierro (izquierda) y Al Ghandour. Fuente: Libertad Digital

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Aliou Cissé festeja el triunfo de Senegal ante Francia. Fuente: Goli Sport.

He visto a mi equipo levantar un título e irse antes de tiempo demasiadas veces. Prefiero esto último a hinchar por la selección de un país donde jamás pondré un pie. En efecto, soy un privilegiado y tenéis todo el derecho a odiarme.

Un mundial en Rusia se me hace raro. Asocio al país con el ajedrez y la literatura. A diferencia de los serbios, los rusos se quedaron con la mejor parte de su imperio cuando este se desmoronó. Desde que se retiraron Karpin y Mostovoi no me caen ni bien ni mal. Eso sí: espero que el evento les quede chulo. Un mundial bien organizado quizás sea el único triunfo colectivo.

Voy a echar de menos a Italia. Nunca pensé que viviría un campeonato sin ellos. A la squadra azzurra se le permitía ser mediocre, pero no un equipo perdedor. No es la única ausencia: Holanda, Chile, Estados Unidos, Camerún, Turquía, Sudáfrica, Paraguay. Debutó Islandia y volvió Perú mil años después. Ojalá les vaya bonito.

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Buffon, lamentando la eliminación de Italia tras perder ante Suecia. Fuente: La Reppublica.

Ni Cristiano ni Messi ganaron. La diferencia es que el primero sumó un punto para Portugal y el segundo le quitó dos a Argentina. Bueno, y que la hinchada portuguesa festejó la igualada con timidez, algo del todo inconcebible para los argentinos.

México, Dinamarca, Polonia, Japón y Nigeria me recuerdan a esa gente que no se pierde una fiesta pero que siempre vuelve a casa antes de las tres. Si les preguntas, culparán al cansancio o a las circunstancias. Y si por alguna razón se desfasan, lo recordaremos por los siglos de los siglos.

Algunos dicen que el mundial “de verdad” empieza en octavos de final. Yo prefiero la fase de grupos: las pequeñas sorprenden a las gigantes, los europeos miramos al resto del mundo sin paternalismo y cada jugador sueña despierto con alzar la copa. Ese ambiente apenas dura dos semanas. Después todo se escribe en prosa.

Quedan muchos y muy buenos partidos. Mi pronóstico es conservador y poco comercial: reviviremos la misma final de Tokio dieciséis años más tarde y volverá a pintarse canarinha. La historia se repite, como bien cantaban los Reincidentes. Os dejo con ellos. Feliz torneo y mucha suerte a todos.

 

 

 

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Crónicas del Gachi

Las fiestas que llegaron para quedarse

Cástulo fue una destacada ciudad de la Antigüedad. Capital de la región de Oretania, su economía se basaba en las minas. Poblada desde el segundo milenio antes de Cristo, sus años de esplendor corresponden a sus etapas íbera y romana.

En la Segunda Guerra Púnica (218-201 A.C), Cástulo apoyó a Cartago para derrotar a Roma. Una alianza sellada por el matrimonio entre el general Aníbal y la princesa Himilce. Pero como toda política se basa en el interés, la hasta entonces ciudad íbera acabó asociándose con Roma, vencedora de la contienda. Así comenzó la Edad de Oro de un territorio cuyo yacimiento arqueológico se encuentra a cinco kilómetros de Linares.

Durante los primeros días de junio, El Gachi celebra sus Fiestas Ibero-Romanas. Su vocación es familiarizar a los ciudadanos con la Historia y los pueblos de la Antigüedad. Para lograrlo, el Área de Turismo del Ayuntamiento apostó fuerte por la gastronomía, el teatro, un desfile multitudinario o una simulación de Circo Romano. Pan, circo y cultura se convirtieron en las señas de identidad de un evento que va por su quinta edición, cada cual más exitosa que la anterior.

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Acto de ofrenda a los dioses en la Plaza del Ayuntamiento. Fuente: Archivo.

He sido muy crítico con la gestión de mi ciudad. Creo que la de los últimos años solo puede catalogarse como muy deficiente. Afirmar lo contrario roza lo irrespetuoso. No obstante, debemos ser honestos y resaltar con el mismo énfasis luces y sombras. Y lo cierto es que estas fiestas me transportaron al Linares en el que me crié: una ciudad abierta y ruidosa con calles abarrotadas de gente divirtiéndose. Poco agraciada pero muy agradable. Como esas personas que merecen la pena.

Degustar el garum, portar túnica, desgañitarse en el coliseo. Conocer gente y reencontrarse con amigos. Volver a ser niños con la libertad de la mayoría de edad. En definitiva, pasarlo bien sin rendir cuentas a nadie. Eventos como este te lo permiten. Solo por eso, la organización debería sentirse muy orgullosa.

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Desfile de tropas hacia el Coliseo. Fuente: Archivo.

Espero que Linares se convierta en una ciudad de niños felices, acaso el mejor indicador económico posible. Servicios públicos accesibles y de calidad, condimentados en su justa medida con actividades de ocio y a la vez culturales. Mens sana in corpore sano. No sé muy bien por qué, pero me siento optimista al respecto. Será que en esta época sale mucho el sol. Ojalá aguante.

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Versos libres

A mis alumnos

El viernes 25 de mayo terminé mis prácticas en el Colegio Santo Tomás de Villanueva de Granada. Por casualidad, esa misma tarde tuvo lugar la graduación de los estudiantes de 2º de Bachillerato, a los que también di clase.

“Nunca pensé que en la felicidad hubiera tanta tristeza”, escribió Mario Benedetti. Hoy me siento a la vez pleno y vacío. No atino a explicarlo bien, pero sé que me entendéis.

Aunque pude despedirme de mis alumnos, no les dije todo lo que quise. Precisamente he escrito esto para que esos consejos que a los trece, quince y diecisiete años no nos atrevemos a pedir (y que tanto agradeceríamos) les puedan llegar. Espero que disculpéis que me dirija directamente a ellos a partir de aquí.

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Patio del recreo del colegio Santo Tomás de Villanueva. Fuente: www.agustinosrecoletos.com

Lo primero que os pido es que nunca renunciéis a los libros. Hagáis lo que hagáis con vuestra vida, sean cuales sean vuestras circunstancias, siempre habrá al menos uno que pueda ayudaros. Los libros son la segunda fuente de conocimiento más importante que tenemos a nuestro alcance. La primera son las personas. Lo dijo un tal David Foster Wallace, alguien que sabía bastante de las dos cosas.

Sed amables siempre. Nada de excusas: si sois bordes, cambiad. Una sonrisa puede arreglar el día a cualquiera. Con algo más de afecto, vuestra existencia abandonará poco a poco ese tono gris y se volverá más agradable. Os animo a hacer la prueba.

Tened cuidado con el ego. Sí, todos somos “únicos” y “especiales” a nuestra manera. Pero nadie es mejor que nadie; grabadlo a fuego en vuestra memoria. El mundo no gira a nuestro alrededor ni se adaptará nunca a nuestros deseos. En cuanto lo asumimos, todo se hace más llevadero.

Ah, muy importante: trabajad vuestra inseguridad y ayudad a otros a trabajarla. Lo primero puede ser largo. Es posible que necesitéis ayuda. Si fuera el caso, pedidla: se trata de un gesto valiente, no de cobardía. Lo segundo resulta más fácil. Basta con saludar, dar las gracias y reconocer, en público y a menudo, los méritos y las virtudes de los compañeros. Porque no, inseguridad no equivale a humildad. A algunos la falta de confianza los vuelve arrogantes, mientras que a otros la calidez los convierte en gente sencilla. Merece la pena parecerse a estos últimos.

Por último, me gustaría daros las gracias. Por acogerme. Por la atención recibida. Por enseñarme tanto y lograr que me conozca un poco más. De verdad, estos dos meses han sido una maravilla.

Por favor, no abandonéis la transparencia ni la naturalidad, tan infrecuentes entre los mayores. Preguntad, volver a preguntad, expresar vuestro desacuerdo si algo os parece mal y rectificad cuando sea necesario. La experiencia se adquiere con los años, la curiosidad, en cambio, tiende a estancarse. No la perdáis. Y no dejéis que nadie os la mate.

Espero que algún día volvamos a coincidir. En cualquier caso, fue un placer.

Gracias y hasta siempre.

 

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