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Elogio del sueño manchego

Manuel Moreno ‘Rizos’ es un entrenador de fútbol natural de Linares. Tras dirigir con notable éxito al Huétor Tajar y al Huétor Vega, la temporada pasada aceptó el reto del Atlético Mancha Real, uno de los equipos más humildes y a la vez más competitivos del grupo IX de la Tercera División.

Hace unos días, Javier Esturillo entrevistó a Rizos en La Contra de Jaén. Lejos de ensalzar el oportunismo o la suerte, el míster valoraba actitudes como la constancia o el deseo de aprender algo nuevo cada día. Su discurso recordaba al llamado sueño americano, solo que más social, menos pretencioso y validado por los hechos: tras un comienzo irregular, los verdes se proclamaron subcampeones de la segunda vuelta de la liga. Y en un país de pelotazos inmobiliarios, másteres falsificados e influencers ociosos me parece un mensaje muy transgresor, dicho sea de paso.

Sesión de entrenamiento del Atlético Mancha Real. Fuente: lacontradejaen.com

A la directiva del Atlético Mancha Real no parece importarle que varios de sus rivales cuenten con más recursos, mejores plantillas o técnicos más experimentados. Han optado por centrarse en el proceso en vez de en los resultados. O como le comentaba Rizos a Esturillo, en “ir semana a semana en vez de partido a partido”.

El fútbol actual tiende a los opuesto. Presidentes, periodistas y aficionados repiten aquello de “los resultados mandan” para justificar cualquier decisión impulsiva. El problema de vender tu alma al diablo es que te llaman desalmado, y con razón. Sin embargo, los manchegos lo entendieron a tiempo: ningunear a tus profesionales nunca está justificado, se gane o se pierda. Un proyecto siempre empieza por los cimientos. Lo otro se llama chapuza.

El grupo IX de la Tercera División española está muy parejo; creo que los verdes lo tendrán difícil para estar arriba. Precisamente por eso, que acabaran entre los cuatro primeros me parecería una noticia estupenda para el fútbol. Ojalá en toda la provincia se imitara el modelo de gestión del Atlético Mancha Real. Y no solo me refería al aspecto deportivo, que también.

*Artículo publicado en Lacontradejaén el 26 de agosto de 2018

 

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La era del gallo

En el fútbol nada hay eterno. Clubes que acumulaban copas ya no existen, ciudades ajenas al deporte rey vibran con la Champions, estrellas precoces se retiran antes de los treinta. He vivido lo suficiente para ver a equipos mediocres convertirse en campeones, volver al agujero y resurgir de sus cenizas. Me parece algo bello: si nada está escrito, todo es posible. Preguntádselo a los franceses.

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La selección gala alza la copa del mundo de fútbol. Fuente: Kremlin.ru

La selección gala ha demostrado ser la mejor del torneo. El equipo se fue haciendo partido a partido, solventando dudas y corrigiendo sus fallos. Además, el varapalo de la eurocopa perdida en casa ante Portugal obligó a la prensa a contener la euforia. Les Bleus sabían de sus posibilidades, pero no se veían favoritos.

Quizás, esa ‘humildad pragmática’ se trate del ingrediente secreto que transforma el orgullo en esfuerzo y la vanidad en sacrificio. Y si a eso le añadimos un talento descomunal, una insultante juventud y un vestuario formado por personalidades equilibradas, para qué pedir más.

Creo que el combinado que el domingo alzó el título representaba a lo mejor de su país. Una Francia simpática, acogedora, multicultural. De personas trabajadoras y hechas a sí mismas, pero sin ese egoísmo pestilente propio del sueño americano. El triunfo de esta escuadra me parece una gran noticia. Y lo dice alguien cuyas selecciones favoritas (aparte de España) siempre fueron las de Italia y Brasil.

Ha comenzado la era del gallo. De aquí a los próximos seis u ocho años, Los “irreductibles galos” se convertirán en el rival a batir. Enfrente tendrán a la Portugal de Cristiano, a la España de Luis Enrique, a Croacia y sus ‘cojones’. A Italia, Alemania u Holanda, obligadas a reinventarse. A las sempiternas Brasil y Argentina. Y a todas esas ‘tapadas’ que nunca valoramos lo suficiente.

Ser la primera nunca es fácil. Todas te envidian y quieren batirte. Y si no lo consiguen, el tiempo hace el resto. Repito: en el fútbol nada hay eterno. Solo por eso, hoy los franceses tienen motivos suficientes para celebrar por todo lo alto una victoria más que merecida. Félicitations. Y muchas gracias de parte de un aficionado al deporte rey.

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Cosa de dos

La peor nostalgia procede de aquello que nunca sucedió. No recuerdo si lo escribió Carlos Ruiz ZafónEnrique Vila-Matas, el caso es que podría aludir a los futbolistas de Uruguay o Brasil, de Rusia o Suecia, de Bélgica o Inglaterra, últimas noqueadas en esta copa del mundo.

Dicen que nada hay más triste que caer en fase de grupos. Lo dudo mucho. Ninguna selección se siente perdedora en cuartos de final, sin embargo, quedar entre las ocho mejores apenas se valora. Se trata de la fase de transición entre la grandeza y la mediocridad. Un equipo cuartofinalista es un estudiante de notables. Competente pero eclipsado. Condenado a la frustración eterna a menos que cultive su mundo interior.

A su vez, las semifinales engañan. Comentaristas y aficionados internacionales contemplamos a vencedores y derrotados con la envidia del perdedor. Los respectivos entrenadores acaban con un curriculum de puta madre, salvo que te llames Luiz Felipe Scolari y Alemania te meta siete en casa. Sea como fuere, quedarse a 90 minutos de la final tras haber disputado medio centenar de partidos en una misma temporada duele mucho.

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Lance del Francia-Croacia en el mundial de 1998. Fuente: @HNS_CFF

La Historia se decide en instantes y la deciden detalles. He llegado a la conclusión de que el mayor distintivo de los campeones, en el deporte y en la vida, es su habilidad para controlar todos los factores a su alcance. En sus hazañas hay mucho más trabajo que suerte, siempre presente aunque con distinto dueño. Franceses y croatas me parecen buenos ejemplos.

Este torneo nos ha confirmado que la igualdad vino para quedarse. Que México elimine a Alemania, Rusia a España o Bélgica a Brasil es magnífico para todos. Por otro lado, el VAR ha desarticulado las posibles ‘manos de Dios’ y a los Byron Moreno y Gamal Al Gandhour de turno. Que el fútbol sea más metódico lo ha convertido precisamente en un juego más impredecible. Todo está más nivelado. Ya no hay ‘cenicientas’ ni favoritas, solo rivales. Qué alegría.

El mundial es cosa de dos. A un lado, Francia, finalista en la última Eurocopa. Una escuadra que se resurge de las cenizas que dejaron los Barthez, Thuram, Viera y Zidane hace no mucho. Enfrente, la sufridora Croacia, que llegó hasta aquí tras soportar tres prórrogas. Modric, Rakitic y compañía.

Veo algo favoritos a Les Bleus, pero me da igual lo que ocurra. En otras palabras: disfrutaré pase lo que pase. Notable colofón para un mundial espectacular. Ha sido un placer. Gracias y hasta dentro de cuatro años.

 

 

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La historia de siempre

Las eliminatorias son crueles. Noventa minutos tiran a la basura años de trabajo. El deporte es competición, exclusividad y privilegios. Para el resto, acaso un par de recortes de prensa que con el tiempo conformarán una mitología: la Hungría de Puskas, el Brasil del 82, la Naranja Mecánica. Notables perdedoras que recordamos. Excepciones. Lo habitual es la mierda y el olvido.

España quedó eliminada sin perder un solo partido. Una victoria por la mínima y tres empates conforman el bagaje de una selección que aspiraba a todo y a la que Rusia mandó a casa en los penaltis. Lo intuía. Sin entrenador, sin portero y sin tirar a puerta dependes en exceso de una suerte que nunca fue patrimonio de nadie. Dentro de lo malo, cayeron con dignidad. Injustos fueron los finales en Estados Unidos y Corea; ridículos, en Francia y en Brasil. Lo demás, la historia de siempre.

Según la tradición, La Roja es una selección de seis y pico. El ciclo 2008-2012 fue excepcional. Un técnico sobresaliente unido a un buen estado de forma podrían haber consumado el milagro, pero aquí no había ni lo uno ni lo otro. En fin, mi enhorabuena a los rusos y mi deseo sincero de que lleguen lejos en su torneo.

Mundial de 1994: Luis Enrique y Fernando Hierro protestan al árbitro tras un codazo de Tassotti en el área. Fuente: Archivo

Disfruté del Dinamarca-Croacia. Podía pasar cualquier cosa, como que ambos porteros se hincharan a parar penales. Qué envidia. Me alegró la clasificación croata y me hubiese gustado igual el pase de los daneses. La una y la otra son selecciones currantes capaces de ganar a cualquiera. El bajista y el batería en una banda de rock. Discretos imprescindibles.

Brasil ganó de dos a México. Resultado engañoso. Aunque no lo parezca, la Tricolor se le da bastante mal a la Canarinha, mas no tanto para caer eliminados. Los mexicanos no tenían nada que perder: se clasificaron en un grupo difícil y se cruzaron con los favoritos. Una vez más, se cumplió el “jugaron como nunca, perdieron como siempre”. El mal latino.

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Neymar celebra el tanto anotado a México. Fuente: @fifaworldcup_es

Espectacular remontada de los belgas. Su último gol debería estudiarse en los cursos de formación deportiva como “la contra perfecta”. Japón, tras disputar un partidazo, cayó en el último minuto tras un corner favorable. El desenlace más cruel para quien lo tuvo tan cerca.

Los Diablos Rojos me parecen el mejor equipo del torneo. En la última eurocopa se deshincharon de manera inexplicable ante Gales. Disputarán los cuartos de final ante Brasil. He ahí una final anticipada. Una de tantas.

La simpática Colombia tiene hoy la oportunidad de dar un puñetazo en la mesa. Enfrente, los ingleses, tan habituados a las decepciones que cada vez hacen menos ruido. Interesante. El Suecia-Suiza me da más pereza. Huele a partido táctico con líneas muy juntas, pocos huecos y menos goles. Ojalá nos sorprendan.

Lo mejor de un torneo de fútbol con tu equipo eliminado es que disfrutas un poco más de todos los partidos. Los ves de manera más objetiva, que no desapasionada. Como una juerga de fin de semana en las que no hay nada que celebrar pero salimos “hasta que el cuerpo aguante”. Porque sí.

Presiento cruces igualados en todo, lo mejor que le podía pasar a este espléndido mundial. Sigamos disfrutándolo; en apenas un par de semanas lo echaremos de menos.

 

 

 

 

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Primeros adioses

Hay personajes que parecen intrascendentes y sin embargo determinan las historias. Yoda, Rafiki, Samsagaz Gamyi. O Corea del Sur en este mundial, que sin jugarse nada venció a los alemanes y les condenó a ver los cruces por televisión. De esta forma se cumplió la maldición que impide al vigente campeón superar la fase de grupos. En el fútbol juegan once contra once, mas (felizmente) no siempre gana Alemania.

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Lance del Corea del Sur-Alemania. Fuente: @FifaWorldCup.

Me entristeció la eliminación de Senegal. A los africanos no les faltaron puntos, sino que le sobraron un par de cartulinas amarillas. En cualquier caso, ojalá Colombia y Japón, clasificadas de su grupo, lleguen lejos. Las selecciones de fútbol se asemejan a las personas: amar a una no implica odiar a las demás y se puede querer a más de una. Quien lo probó lo sabe.

Comenzaron los octavos de final y su primera víctima fue La Albiceleste. Les pasaron por encima unos galos hasta ahora irreductibles, comandados por un Mbappé que anotó dos goles en cuatro minutos.

La Argentina de Rusia 2018 se reveló como lo que es: una escuadra mustia, messicéntrica y antipática. A los amantes de Borges y Cortázar nos resultaba difícil empatizar con una banda tan desafinada y sin armonía. Ay, qué lejos quedan Batistuta o Hernán Crespo. Manu Ginóbili, leyenda del baloncesto de aquel país, lo tenía claro: “no basta con echarle huevos, también hay que jugar bien”.

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Gabriel Batistuta es sustituido por Hernán Crespo. Fuente: ambito.com

Uruguay consiguió lo que nadie: vencer a Portugal tras neutralizar a Cristiano Ronaldo. Los charrúas saben ganar y sufrir. Solo por eso me parecen junto a belgas y brasileños el conjunto más peligroso del campeonato.

Ni Messi ni CR7 ganarán el mundial. Lo siento por sus aficionados, pero lo considero una buena noticia para el fútbol. La televisión y las redes sociales no nos darán más la matraca con sus respectivos peinados, dietas o estados de ánimo. Si la Fifa, Nike y Adidas están resentidas, el aficionado de a pie ya tiene un motivo para sonreír.

Hoy “disfrutaremos” de un España-Rusia y de un Dinamarca-Croacia. Me invade una extraña sensación y presiento que los anfitriones se jugarán los cuartos contra los daneses, también rubios, también de rojo. Lo “normal” sería un España-Croacia, pero intuyo que a las favoritas les invadirá el mal de altura e, indispuestas, se verán obligadas a hacer las maletas. Ojalá me equivoque una vez más.

Dicen que el de Rusia está siendo uno de los mejores mundiales. A mí también me lo parece. Tras los primeros adioses extrañaremos a selecciones muy carismáticas y a sus aficiones, cánticos y colorido. Al final solo puede quedar uno, ya que “del subcampeón no se acuerda nadie” (Luis Aragonés dixit). No obstante, mientras se mantenga vivo su fútbol de toque, lo que queda de torneo merecerá la pena. Y si triunfan aquellos que fueron sus pupilos, mejor que mejor.

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Emoción y sorpresas

Hace algo más de diez años, el Milán y el Liverpool disputaban la final de la Champions en Estambul. Vi con mi hermano la primera mitad, que concluyó con los italianos ganando de tres. Optamos por ir a dormir, “que mañana hay cole y esto ya está resuelto”. No hay día que no me arrepienta de aquella decisión, pero en parte me lo merecí. Por bocazas.

Desde entonces soy más cauto. He asumido la creencia irracional de que si doy por hecho una derrota tendrá lugar una remontada. Este mundial parece corroborarlo. ¿Ejemplos? Serbia-Suiza y Alemania-Suecia. Ganaron las que debían perder para regalarnos una última jornada de emoción, acaso de sorpresas.

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Los del Liverpool celebran la remontada, culminada en la tanda de penaltis. Fuente: @InvictosSomos.

Bélgica e Inglaterra se hincharon a goles y empatan a todo antes de enfrentarse. Sus futbolista se conocen porque juegan en la Premier. Me caen mejor los Diablos Rojos. Los entrena un compatriota, llevan años a un gran nivel y además son políglotas. No sé qué es más infrecuente: un día de sol en Reino Unido, un británico chapurreando otra lengua o una selección inglesa que pase de cuartos.

Uruguay se metió en octavos con pleno de victorias y sin encajar un gol. La Celeste funciona aunque no reluce. No les hace falta. Ahí va un equipo ganador y un serio aspirante al título.

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Lance del Uruguay-Rusia. Fuente: @fifaworldcup_es

La única diferencia entre Portugal e Irán es Cristiano Ronaldo, afirma el realizador Juan José Patón. Los primeros seguirán molestando durante las eliminatorias. Irán se va a casa con la cabeza bien alta. Les faltó un punto. Otro año lo conseguirán.

España se clasificó con sufrimiento. La destitución de Lopetegui conmocionó a una plantilla de niños grandes. Puros y resistentes, terribles y obstinados, cual verso de José Agustín Goytisolo. Estaban casi fuera y en los minutos finales el VAR los convirtió en primeros de grupo. Mal nos pese, la Roja es la nueva Italia.

Felicito a Marruecos por su esfuerzo en el último partido. Dar la cara no es común cuando no te juegas nada. Al igual que los persas, no tienen de qué avergonzarse. Ojalá pronto veamos un campeón africano. Estoy convencido de que será bueno para el fútbol y para esta globalización que parece inevitable.

Voy a echar de menos la fase de grupos. En las eliminatorias no hay carambolas. Resultados blancos o negros, juego gris, prórrogas y penales. Bueno, no siempre. Todavía se sueña a lo grande y algún que otro combinado resucita mientras los espectadores tomamos cañas. Que así sea.

 

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Fútbol a pico y pala

Uruguayos, portugueses y españoles redescubrieron lo chungo que es un mundial. Los ‘unoacero y sufriendo’ valen oro en cualquier torneo; quienes lo discuten no alzaron un título en la vida.

El diario Clarín contrapuso “la España de sufrimiento de Lorca” a la “charanga y pandereta de Machado” en su crónica sobre la victoria de La Roja ante Irán. La prensa argentina es la mejor siempre y cuando no aluda a La Albiceleste. Entonces se transforma en Telecinco.

Muchos despreciaron el juego iraní por tosco. Para mí lo hicieron bien. Los persas me recuerdan Lovecraft: poco estilo, muchos seguidores y ahí siguen, escamosos y arcanos. En la última jornada se enfrentan a un Portugal cristianodependiente y pusilánime. Temo un empate a uno gracias a un tanto de Ronaldo en cada meta.

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La selección iraní ante España. Fuente: @fifaworldcup_es

Egipto, Marruecos y Perú quedaron eliminadas; Australia tiene pie y medio fuera. No me parecen malas selecciones, pero sin puntos nadie se clasifica. Así lo estipula el contrato que nadie firma y todos conocen antes de embarcar. Aunque no lo parezca, una fase de grupos es más letal que la peor eliminatoria. Que se lo pregunten a los chilenos.

Mención aparte se merecen los argentinos. Su duelo ante Croacia se preveía como un combate feroz entre Rocky Balboa e Iván Drago. Esta vez el público también hablaba ruso, pero los del Este noquearon a los americanos, que acabaron como el bueno de Apollo Creed. Los de Sampaoli dependen de otros para pasar de ronda. En el fútbol todo es posible, pero aquí lo más probable es que consuma el drama. Cuestión de actitud.

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Iván Drago golpea a Apollo Creed en ‘Rocky III’. Fuente: thefancarpet.com

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Modric celebra su gol ante Argentina. Fuente: @fifaworldcup_es

Colombia se hizo el harakiri ante un Japón que amortizó su ventaja numérica. Los cafeteros se la juegan ante Polonia, que palmó contra Senegal. Presiento lágrimas a un lado de la pista.

Cientos de senegales y nipones llegaron tarde a la primera cerveza porque se quedaron recogiendo la basura en los estadios. Qué manera de rematar sus triunfos. Esas son las imágenes que deberían viralizarse: el civismo nunca sobra. Solo espero que se mantenga en los partidos venideros.

Quedan mucho fútbol y bastante emoción, aunque creo que no tantos goles. Ojalá me equivoque. Tengamos fe. Y sobre todo, sigamos disfrutando de este grandioso espectáculo.

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