Crónicas del Gachi

Escombros

El pasado 11 de marzo, el edificio del Mercado de Abastos de Linares se vino abajo. La causa fue el temporal de agua y viento que azotaba entonces la Península Ibérica.

El derrumbe se produjo un domingo y solo hubo un herido. En cualquier caso, la noticia no deja de ser terrible. La construcción formaba parte del escaso patrimonio arquitectónico que quedaba en la ciudad. Además, los comerciantes siguen a la espera de un nuevo espacio a donde trasladarse para volver a trabajar.

Las imágenes resultan muy poderosas. Si antaño fueron las minas, el ajedrez o los vehículos todoterreno, lo que mejor representa al Linares actual quizás sean los escombros. Escombros como símbolo de un pasado que no volverá. Escombros propios de una ciudad decadente. Escombros como los del Mercado de Abastos.

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Ruinas del Mercado de Abastos de Linares. Fotografías de Jusepe Cruz.

Cuentan que tras la derrota de la Armada Invencible frente a las costas británicas, Felipe II alegó que no había enviado sus tropas a luchar contra los elementos. Sea verdad o no, lo cierto es que los efectos devastadores del clima han existido siempre y ante ellos poco se puede hacer. Sin embargo, que el mismo espacio derruido fuera rehabilitado hace poco da que pensar. Y personalmente, no me imagino a nadie asumiendo alguna responsabilidad. Ojalá me equivoque.

Linares se cae. Todos lo intuíamos y este suceso lo ha confirmado. Solo espero que aprendamos la lección de una vez. Que los responsables de turno no se limiten a construir otro edificio endeble que no aguante una tormenta y que miren un poco más allá. Por ejemplo, al resto de edificaciones ruinosas diseminadas por toda la ciudad. O a esos espacios públicos en su día inaugurados a bombo y platillo a los que se da un uso anecdótico. Pues si algo sobra en mi ciudad son contenedores culturales.

Estaría bien que la cornada repentina nos permitiese agarrar al toro por los cuernos y que dejáramos de discutir por el color de las banderillas. Pero mucho me temo que en esta tierra, la tormentosa sombra de Manolete es alargada. Y no hace falta ser taurino para entenderlo.

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Santana, una historia de desamor

El 14 de febrero de 2011, la pesadilla se cumplió: Santana Motor, única fábrica automovilística de Andalucía y eje vertebrador de la economía linarense, cesaba su producción de manera definitiva. De nada sirvieron los más 600 millones de euros invertidos por la Junta desde 1995; 1.341 trabajadores se fueron al paro y otros 791 obtuvieron la jubilación anticipada.

Pasear hoy por el Parque Empresarial de Santana equivale a recorrer un páramo. De los más de 2500 trabajadores que se daban cita en su mejor época apenas queda una décima parte, concentrada en pocas industrias de menor dimensión. Lo que hoy resta de Santana no es más que una sombra minúscula de lo que la fábrica llegó a ser no hace demasiado tiempo.

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Parque empresarial Santana / Archivo.

Los orígenes: Metalúrgica Santa Ana

Año 1955. España seguía inmersa en el régimen franquista, que no daba muestras de apertura ni en lo político ni en lo social. No obstante, el caudillo sí tenía en mente impulsar un proyecto de desarrollo económico del cual Linares iba a beneficiarse. Dicen que el entonces alcalde Leonardo Valenzuela se valió de su amistad con Franco para incluir a su ciudad en el llamado Plan Jaén. De ese modo, el 24 de febrero de ese año nacía la Metalúrgica de Santa Ana. Un grupo de empresarios, encabezado por Alfredo Giménez Cassina, Antonio Sáenz y Vicente Izurquiza, se hizo con el terreno mediante subasta pública e invirtió en él 3 millones de pesetas para producir maquinaria agrícola. A cambio, se les compensó con una exención de impuestos del 50% durante diez años.

Poco a poco, la fábrica fue haciéndose hueco en la industria automovilística. Primero, mediante un acuerdo con Citroën para elaborar las cajas de cambio de sus automóviles. Mas no fue hasta 1961 cuando Santana da el paso definitivo y firmó un contrato con Land Rover para producir su emblemático todoterreno. Un vehículo que fue adoptado por el Ejército, la Policía y la Guardia Civil, a la par que se popularizaba en Europa, África y América. Así, Santana se convirtió en el motor económico de la región y la industria del automóvil hizo olvidar la minería en Linares.

En los años venideros la demanda de automóviles fue en aumento. De los 296 Land Rover matriculados en España en 1960 se pasó a los 8.000 en 1976, cifra que no cesaba de crecer año tras año, reflejo de un tiempo nuevo que acababa de comenzar. Era la época dorada de la empresa y también de la ciudad, como bien reflejan los carteles de la Feria y Fiestas de San Agustín de entonces.

Sin embargo, con la crisis de Land Rover en la década de los ochenta se vislumbraron las primeras sombras. La compañía inglesa retiró su participación del 30% del accionariado de la fábrica en 1989, aunque los mismos modelos continuaron fabricándose bajo la misma marca, como el popular Santana 2500, hoy considerado vehículo de coleccionista. Fue también a mediados de los ochenta cuando la japonesa Suzuki adquirió capital en la empresa. Comenzaba así una época muy distinta, bautizada por los más veteranos como “el principio del fin de la fábrica”.

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Vehículo ‘Santana 2500’ / Archivo.

Los noventa: ejemplo de lucha obrera

La salida de Land Rover dio mayor protagonismo a Suzuki. En 1993, los nipones controlaban más del 80 % del capital. Un año más tarde, ante las pérdidas millonarias, decidieron cerrar la fábrica, que en principio significaba la pérdida de 2.400 empleos directos y buena parte de los relacionados con las industrias auxiliares. Sin embargo, los trabajadores lo impidieron.

Gracias a una serie de huelgas, movilizaciones y marchas obreras multitudinarias (las cifras estiman que hasta 100.000 trabajadores venidos de toda España marcharon unidos por las calles de Linares) la Junta de Andalucía tomó cartas en el asunto y compró la fábrica a Suzuki. Los japoneses se largaron, Santana se quedó. El coste que asumieron los trabajadores fue de 543 prejubilaciones y de 357 bajas incentivadas.

En 1998 se redactó un Plan de Viabilidad que nunca llegó a cumplirse, dinámica que se convertiría en habitual a partir de entonces. Las pérdidas fueron creciendo, también las prejubilaciones de empleados mayores de 55. El 16 de febrero de 2011, los trabajadores de la empresa votaron la disolución de Santana Motor tras más de medio siglo de vida. La única fábrica de coches con capital completamente nacional cerraba sus puertas. Dos días antes, el gobierno andaluz lanzaba el plan Linares Futuro, con objeto de reactivar la economía de la zona y crear un centenar de empleos. Un premio de consolación, pensaron a la vez casi todos los linarenses.

Linares Futuro: un fracaso de la Junta

El 14 de febrero de 2011, día de los enamorados, la Junta de Andalucía y los sindicatos UGT y CCOO firmaron el plan Linares Futuro. La iniciativa contemplaba la prejubilación de 800 personas y tenía previsto generar entre febrero y julio de 2011 más de cien puestos de trabajo en empresas emergentes, relacionadas con las energías renovables y las nuevas tecnologías. Una historia que acabó en desengaño.

Francisco Javier Perales, secretario general de la Federación MCA-UGT, declaró recientemente a la agencia EFE que la mayoría de los cursos de formación para desempleados nunca tuvieron lugar, como tampoco la recolocación de los empleados menores de 50 años. “En la bolsa creada para esa recolocación había un centenar de extrabajadores, pero apenas un 10 % encontró trabajo” afirmó el sindicalista.

Hace tres años, el alcalde de Linares, Juan Fernández (PSOE), participó en una concentración para que la Junta de Andalucía cancelara la subasta de los bienes de Santana Motor. En la foto se le puede ver sosteniendo la misma pancarta que el entonces portavoz del PP, Antonio Martínez, y que su homólogo en IU, Sebastián Martínez. “Pedimos una demora para cerrar las negociaciones que existen y de las que la Junta está bien informada. Si después de este plazo se debe vender como chatarra la maquinaria de Santana, no se pondrá ningún impedimento” afirmó el alcalde ante los medios en ese momento, con toda la prudencia que le fue posible. No era para menos: se estaba enfrentando a sus compañeros de partido en el Gobierno andaluz.

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Manifestación por el futuro de Linares / Archivo.

Más recientemente, en el Pleno Ordinario de enero, el portavoz de CILUS en el Ayuntamiento de Linares, Javier Bris, preguntó a Fernández por la gestión de los activos de Santana y le pidió que presionara a la Junta en pos de su completa municipalización. La respuesta que obtuvo por parte del alcalde no fue negativa, pero sí igual de prudente e imprecisa que sus declaraciones de 2014.

A día de hoy, seis años después de su cierre, es fácil percibir la historia de Santana como una continua sucesión de desencuentros: entre empresarios y trabajadores, entre sindicatos e instituciones, y más recientemente, entre los gobiernos autonómico y municipal. No deja de ser paradójico que una historia tan poco romántica y con tantos divorcios concluyese el mismo día de San Valentín.

Cuentan quienes vivieron las marchas de 1994 que uno de los eslóganes más aclamados por los trabajadores era “Si Santana muere, Linares muere”. El tiempo parece haberles dado la razón. Queda por ver si la ansiada y todavía pendiente reindustrialización también significa la resurrección de una ciudad que no levanta cabeza desde el 14 de febrero de 2011, día que pereció Santana Motor, llevándose a la tumba un buen pedazo de la historia linarense.

*Artículo publicado en Linares Información el 14 de febrero de 2017

 

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El pueblo que devora a la ciudad

Volver a casa reconforta. Sin embargo, se trata de una sensación ventajista. Al estar de paso, obviamos el día a día en nuestro municipio y nos quedamos con una imagen edulcorada por luces de Navidad, pasos de Semana Santa o bares llenos de gente. Prescindimos de la intrahistoria, muy diferente a la historia visible. Al menos en Linares.

Cualquiera que puso el pie en El Gachi durante las últimas fiestas navideñas se encontró una localidad caracterizada por el gentío, las compras, los niños correteando por la calle y villancicos a todo volumen. Pero la realidad linarense es bien distinta.

Mi ciudad pierde población y, por paradójico que suene, no cabe nadie más. Simplemente porque no hay trabajo. El empleo que se ofrece tiende a ser precario, chanchullero e inestable. Los únicos sectores que se mueven son la hostelería y el ‘funcionariado’, y supongo que más pronto que tarde también se colapsarán.

En su novela La librería, Penélope Fitzgerald describe los desplantes que padece una joven al llegar a un pueblo inglés y abrir su negocio. La autora nos recuerda que la novedad, los libros o la juventud nunca son bien recibidos por los guardianes de la ortodoxia. Pero no hace falta atravesar el Canal de la Mancha para sentir ese ambiente opresivo; Federico García Lorca ya nos lo mostró en La casa de Bernarda Alba, Yerma o Bodas de Sangre.

Sin duda, una de las cosas que más me preocupa del Linares contemporáneo es que esa misma estrechez de miras se ha extendido como una pandemia. Puede que el monstruo siempre estuviera ahí, pero me da la impresión que la presente crisis lo ha alimentado. Y de qué manera.

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Creedme, no me gusta escribir esto. Pero si lo hago es porque creo que la situación tiene remedio. Siempre que se organiza cualquier actividad más o menos original, el público suele responder. ¿Ejemplos? Los conciertos al aire libre, como el del 30 de diciembre en Las Ocho Puertas, o las obras que los distintos grupos estrenan en el Teatro Cevantes. En lo que a inquietud cultural respecta, el problema en Linares no es tanto la falta de demanda sino de oferta.

No creo que suceda jamás, pero si algún día llegase a tener algún tipo de responsabilidad política, me plantearía un par de objetivos a medio plazo para mejorar mi ciudad. El primero, ponerla en el mapa, con todo lo que eso conlleva. El segundo, atraer talento, venga de donde venga. El objetivo, convertirse de nuevo en un lugar de paso para dejar de ser un páramo.

Y a falta de patrimonio artístico considerable, tal vez la mejor forma de lograrlo sea apostar por los eventos. Recuperar el festival Mina Rock, reforzar el Concurso de Tarantas. Invitar a los Carles Francino o a las Pepa Fernández de turno para que organicen más programas de radio. Hacer por que los músicos, pintores o escritores nos nos visiten en sus giras-presentación. Seguir celebrando los Juegos Íbero-romanos y el festival de Cine No Visto. Dar voz a los artistas locales y a todos los que se fueron para triunfar.

Solo de esa manera, Linares seguirá siendo una ciudad y no se transformará en el pueblo irrelevante y autocomplaciente del que va camino, pese contar -todavía- con más de 55.000 habitantes.

Sé lo que algunos pensáis: es posible que a parte de la administración pública no le interese que mi ciudad resucite y la prefieran decadente. Tal vez. Pero esa es otra historia.

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‘Cineptos’ merece un premio de Cultura

Cuando vivía en Pamplona me enteré de que un grupo de jóvenes de mi ciudad proyectaba películas poco comerciales en versión original. Tras el pase, iniciaban un debate con aquellos espectadores deseosos de compartir impresiones. Tal fue mi simpatía por su causa que, en cuanto regresé a Linares, me convertí en parroquiano de la sala 5 de los Cines Bowling, a donde acudía el segundo o tercer jueves de cada mes.

Gracias a Cineptos-zinescrúpulos pude ver Animales nocturnos, Magical Girl, Negociador y otros tantos largometrajes que difícilmente tendrían cabida en cualquier sala de provincias. Solo por haber contribuido a la difusión cultural de manera tan directa, creo que sus artífices merecerían un premio. Personalmente, les debo mucho más que a ciertos señores y señoras muy elegantes que de tanto aparecer en fotos no tienen tiempo para leer, escribir o legislar con corrección.

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Cada vez soy menos inocente. Sé que en Linares hay gente que sale muy tarde de trabajar. Otros tantos viven una situación tan precaria que pagar los 3 euros de la entrada les supone un lujo excesivo. También encontramos a quienes, por la razón que sea, no disfrutan ante la gran pantalla, lo cual me parece muy respetable mientras no se lo impidan al resto. Y no me olvido de todos aquellos que abandonaron su ciudad debido a la falta de oportunidades. No tengo nada que reprochar a ninguno de ellos.

Sin embargo, me niego a creer que no existan otros perfiles con más recursos y ciertas inquietudes culturales. Son estos quienes deberían dar una oportunidad a Cineptos y acudir a una de sus sesiones. Y de paso, por qué no, participar en el debate posterior a cada proyección. Puede que se aburran y decidan no volver. O quizás descubran otra manera de mirar y entender las películas y a personas con gustos parecidos o complementarios a los suyos. Os aseguro que esto último resulta muy satisfactorio.

Repito: con el tiempo me he vuelto menos ingenuo. Acudir al cine una vez al mes no creará miles de puestos de trabajo ni traerá empresas a nuestra ciudad. Pero al menos, los vecinos que decidan participar en una sesión de Cineptos volverán a su casa más juiciosos y menos borregos. Porque el solo hecho de escuchar a otros y expresarte en público ya te hace un pelín más inteligente. Tal y como están las cosas, lo veo como una gran inversión, ¿no os parece?

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Más visibilidad para el ‘Cine No Visto’

El pasado sábado concluyó el Festival de Cine Independiente ‘No Visto’ de Linares. A lo largo de una semana pudimos asistir a proyecciones de cortos y largometrajes, dos masterclass o un coloquio sobre el rol de la mujer en la gran pantalla, además de a una estupenda gala de clausula.

Varios días después siento emociones contradictorias. Es verdad que el nivel de las actividades fue excelente y sus participantes acababan encantados. Por tanto, la organización debería sentirse orgullosa en cuanto a la calidad del evento.

Sin embargo, todavía son demasiados quienes ignoran que entre el 20 septiembre y el 7 de octubre su ciudad acogió un festival que cuenta con dos ediciones y va camino de la tercera. En otras palabras: bastante gente no participa en determinadas actividades porque desconoce su existencia. Me pregunto para qué sirven todos esos espacios reservados a la propaganda política cuando termina la campaña electoral.

Pero reducirlo todo a un problema de comunicación es fácil. Lo incómodo es darse cuenta de que los ciudadanos también tenemos algo que ver con la pasiva indolencia propia de tantas ciudades del sur.

Intentaré explicarme. En los últimos años he descubierto a un tipo de gente caracterizado por quejarse continuamente sobre las carencias de su lugar de residencia. Pero cuando por fin se organiza una actividad capaz de alterar la rutina establecida, pronto encuentran un motivo para criticarla, una excusa para no participar o bien buscan otra fuente de conflicto. Una actitud que podríamos definir como ‘pesimismo inmovilista’ y que se encuentra más cerca del problema que de la solución.

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Instante de la charla sobre la imagen y la figura de la mujer en el cine/ Cine No Visto.

Cuando era pequeño consumía películas sin más pretensión que la de entretenerme. El cine como Cultura lo descubrí durante la secundaria, gracias a un par de profesores que lo utilizaban como recurso didáctico. Ahora sé que nunca se lo agradecí lo suficiente. No os hacéis idea de cuánto me hubiera gustado conocer antes a Costa-Gavras, a Fellini o a Tim Burton. O haber disfrutado de un festival alejado de los circuitos comerciales a mis quince, dieciséis o diecisiete años. Por suerte, los chavales de Linares hoy pueden hacerlo gracias a Cine No Visto.

Asimilar que una película puede convertirse en una obra de arte, conocer la industria desde dentro tras conversar con directores, actores y guionistas o ver cortos y largometrajes en V.O.S. (y de paso mejorar tu inglés o francés) son solo algunas de las oportunidades que te brinda el participar en un festival de cine. Sí, todos deberíamos de tener acceso a la Educación y a la Cultura, pero, por desgracia, nacer en una u otra parte nos condiciona demasiado. Por eso mismo, en un alarde de ‘patriotismo municipal’, animo a todos mis paisanos a que se impliquen en este tipo de iniciativas. Aunque solo sea para que sus hijos o nietos disfruten de posibilidades que ellos no tuvieron en su juventud.

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Coloquio tras la proyección de cortometrajes/ Cine No Visto.

Una ciudad dinámica se convierte en agradable para los de dentro y atractiva para los de fuera. La Cultura no solo nos hace crecer como individuos, sino como sociedad. A menudo olvidamos lo uno y lo otro. Creo que tiene remedio.

Con toda mi honestidad, afirmo que entre los jóvenes de Linares abunda el talento, ya sea sobre un escenario o al utilizar la pluma, la cámara o el spray de graffitti. Pensemos a largo plazo y apostemos por ellos. Tenemos poco que perder y todos saldremos ganando.

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Organizadores, artistas invitados y ganadores del festival /Cine No visto.

Y una vez dicho esto, os espero a todos en la III Edición del Festival de Cine No Visto. Allí me encontraréis el otoño que viene. Larga vida a los profesionales Séptimo Arte.

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14S: la ‘Primavera de Linares’ que comenzó en verano

La marcha de Todos a Una por Linares del 14 de septiembre congregó a más de 35.000 participantes. Así lo confirmó la Policía Local, cuyos agentes no registraron incidencias.

Hoy solo se me ocurre catalogarla como “éxito absoluto”. Negarlo sería deshonesto. La última vez que se movilizaron más de tres quintas partes de la población (la ciudad no alcanza los 60.000 habitantes) fue hace más de veinte años. Vaya por delante mi enhorabuena a los organizadores y a las decenas de voluntarios que la hicieron posible.

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A posteriori es fácil hablar. Lo difícil es jugársela. Fuimos muchos los críticos con la manifestación o la plataforma que la impulsaba. Algunos sospecharon de las intenciones de los promotores, otros intentaron -sin éxito- politizarla en una u otra dirección. Y luego estábamos los que, sin mala voluntad, desconfiábamos de que pudiera salir bien un proyecto tan ambicioso.

Sin embargo, la convocatoria triunfó, gracias a que muchos tragaron su orgullo para acoger a ese vecino que les cae gordo, pero que también tiene derecho a expresar su rabia y a ondear nuestra bandera. Aunque, más allá del número de personas y de la repercusión mediática alcanzada, el gran triunfo del 14S fue la convergencia de gente tan distinta. Lo digo con toda sinceridad: nunca me había sentido tan orgulloso de haber estado equivocado.

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Según el INE, la tasa de paro en Linares es del 44,5%, la más alta de entre todas las ciudades de España. El dato parece haber despertado del letargo a muchos ciudadanos. No, no todo son impresiones subjetivas; también existen realidades empíricas y cuantificables. Y estar al corriente de estas últimas no demuestra catastrofismo, sino tener los pies en la tierra. Parece que (por fin) se ha roto ese tabú.

“Se ha ganado la batalla, pero no la guerra. Optimismo sí, euforia no” expresó hace poco uno de los portavoces de Todos a Una por Linares. Creo que es el camino a seguir.

La victoria en este último partido ha sido por goleada, pero aún continuamos como farolillo rojo de la clasificación. Ahora lo importante es no perder de vista el objetivo final de remontar esta crisis. Sigo pensando que resultará difícil. No obstante, el primer paso para solucionar un problema pasa por tomar conciencia de él. Y si el 14S cumplió esa misión, ya ha merecido la pena.

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Por de pronto, yo empiezo a creer de nuevo en Linares. Tan solo espero que mi pueblo celebre su particular ‘primavera’ durante este otoño. Me parece digno de esa confianza.

 

 

 

 

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Yo no creo en Linares (por ahora)

Desde hace varias semanas sigo la evolución de la plataforma Todos a una por Linares, presentada el pasado 3 de agosto en el Hotel Aníbal. Aunque a día de hoy carece de página web, el colectivo cuenta con un foro online y su grupo de Facebook ha superado los 25.000 miembros. Si tenemos en cuenta que la población local censada ronda los 58.000 habitantes, no está nada mal.

La primera acción de Todos a una por Linares ha sido convocar una manifestación “por el futuro de la ciudad y el empleo”. Tendrá lugar el próximo 14 de septiembre y va dirigida a todos los vecinos que quieran sumarse.

Los portavoces de la plataforma -definida como “apolítica”- rehuyen de todas las banderas. De todas menos de la de Linares, que han adoptado como símbolo. Su intención es canalizar el descontento de un pueblo unido por la insignia municipal. Muy pronto veremos si lo consiguen.

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Bandera oficial de la plataforma.

Admito que hay aspectos que merecen, por lo menos, unas palmadas en la espalda de cada uno de sus artífices. Por ejemplo, su aparente espíritu conciliador, tan parecido al del 15M: aquí parece que no sobra nadie. O la determinación para organizar una marcha que tantos consideramos necesaria. También el esfuerzo y la ilusión sincera de muchos voluntarios, algunos con un trabajo absorbente y una familia de la que ocuparse. Me quito el sombrero ante todos ellos.

Sin embargo, otras facetas de Todos a una por Linares me inquietan. Entre ellas, su falta de transparencia o la ambigüedad de sus mensajes y eslóganes. También el tono de los mismos. Da la impresión de que se eluden ciertos temas para no herir sensibilidades. O dicho de otra forma: solo se dicen aquellas obviedades que resultan agradables para la gran mayoría; una estrategia muy ‘popular’ en la política contemporánea cuyo nombre estamos hartos de oír.

Además, la imagen al exterior que se proyecta desde su grupo de Facebook me parece tanto o más desconcertante. Entre las publicaciones de los usuarios abundan los vídeos, las fotos y los comentarios autocomplacientes. También hay lugar para las quejas, algunas relativas a la censura por parte de los administradores. Sin embargo, las propuestas concretas, los artículos analíticos y los estudios basados datos objetivos no son tan frecuentes. En resumen, parece que todos están de acuerdo en la necesidad de transformar Linares, no así en la manera de hacerlo, tampoco en la dirección del cambio.

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Cartel del 14S.

Cuentan que Miguel De Unamuno fue interrumpido por las risas del público mientras impartía una conferencia sobre William Shakespeare en la Universidad de Salamanca. ¿El motivo? su pronunciación del apellido del bardo, en un castellano pulcro (“saquespeare”) muy alejado de los fonemas anglosajones (“chespir”). El autor de San Manuel Bueno Mártir realizó entonces una pausa para dirigirse al respetable. “Ignoraba que ustedes dominasen otras lenguas”, afirmó. E impertérrito, prosiguió su disertación en un perfecto inglés. Las carcajadas se acabaron de golpe.

No se sabe si esta historia es verídica, pero si ha sobrevivido es porque muestra una verdad que cae por su propio peso: los pretenciosos se creen más listos que aquellos de los que deberían aprender. Para desgracia de todos, en el Linares de los últimos años han proliferado los risueños y se han perdido los Unamunos. Y tal como está la ciudad, no debemos persistir en el error. Con todo esto quiero decir que la buena voluntad es imprescindible, también la unidad y la organización en la lucha. Pero no van a solucionar nada por sí mismas si quedan reducidas a un cúmulo de banderas, eslóganes pegadizos y golpes en el pecho.

No sé mucho sobre gestión municipal, pero que intuyo que la receta para arreglar Linares pasará sí o sí por el análisis sosegado y el debate riguroso. En otras palabras: se trata más de una cuestión de pensamiento crítico que de orgullo popular. Y para lograrlo habrá que perder el miedo a lo nuevo, cuestionar más de un dogma y romper varios tabúes.

Vayamos a lo concreto: sería interesante estudiar con detenimiento la gestión de los municipios españoles que sí funcionan (Irún, Pozuelo, San Cugat del Vallés…) y si algunas claves de su éxito pudieran implantarse en Linares. Y también contactar con todos aquellos ‘jóvenes aunque sobradamente preparados’ que no pueden ejercer su profesión en nuestra ciudad. Quizás sea que el mercado laboral no puede absorberlos…. o tal vez se deba al corporativismo rígido de los profesionales asentados, indispuestos a ver reducida su porción de tarta. Habría que preguntarles a todos.

Por otra parte, tarde o temprano tocará desinfectar la herida que produjo el cierre de SANTANA MOTOR, un triste episodio repleto de promesas rotas que ha dividido a la clase trabajadora linarense hasta hoy. Esta fue quizás la peor de entre todas sus consecuencias.

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Pancarta reivindicativa. Fotografía de Antonio del Arco.

Adelanto: resultará imposible agradar a todo el mundo. Los intereses de los obreros no van a coincidir con los de los empresarios, ni los de los funcionarios con los de los emprendedores, ni los de la juventud con aquellos de jubilados y prejubilados. Ni aquí ni en ninguna parte. Pronto el consenso se romperá y hemos de empezar a asumirlo.

Espero que nadie me malinterprete. Celebro la existencia de esta plataforma y apoyo su razón de ser, mas pienso que no conviene dejarse llevar por el pensamiento mágico ni crear ídolos de barro. Por si no ha quedado claro: no critico a ninguna persona en concreto, sino determinadas actitudes y comportamientos. Actitudes y comportamientos de los que nadie está a salvo, mucho menos en un contexto de crisis y desesperación, pero que por el bien de Linares no deberían propagarse. Ni siquiera en redes sociales. Como todos sabemos, los desengaños siempre son crueles.

En cuanto a mí, por si a alguien le interesa, anuncio que sí participaré en la manifestación del el 14S, aunque sin pancarta ni bandera. Me limitaré a oír, ver y callar para luego tomar nota. Además, en todo momento tendré presente que el infierno está repleto de buenas intenciones. Por el futuro de Linares, convendría que no lo olvidáramos por enésima vez.

Cartel alternativo, diseñado por Juan Luis fernández Sánchez

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