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Días de Super Nintendo

Mi primer contacto con el fútbol de selecciones fue gracias a la Super Nintendo. La culpa la tuvo el Fifa International Soccer del año 94, al que mi hermano y yo dedicábamos mañanas y tardes enteras durante los veranos.

El juego no tenía licencias y el potencial de los equipos se medía en barras. El mando era pequeño y los botones estaban durísimos. Lo digo en serio: desenvolverse requería más destrezas que el nivel B1 de cualquier idioma.

La prueba de fuego consistía en ganar a la máquina con un equipo proletario, nada de Brasiles o Italias. Si lo lograbas, ya sabías jugar. En otras palabras: había que emular al México que derrotó a Alemania el pasado domingo.

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Partido en el Fifa International Soccer. Fuente: Fifplay

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Lance del Alemania -México. Fuente: @fifaworldcup_es

El movimiento se demuestra andando, a ser posible sin muletas. Me cansan quienes presumen de favoritos solo porque cuentan con un excelente jugador. En el fútbol, como en la vida, hay que hablar en el terreno de juego. Todo lo demás es filfa.

Vencieron Croacia y Serbia; probablemente las veamos en octavos. Cuando hagan las maletas, nos acordaremos de la mítica Yugoslavia y de su camiseta azul eléctrico.

Hay países en los que me alegro de no haber nacido aunque festeje sus triunfos. Con Francia me pasa lo contrario. La eliminación de la Eurocopa de 2000 todavía escuece. En mis peores pesadillas creo ver la rosada calva de Barthez. Con todo, prefiero a los gabachos antes que a ingleses y germanos. Es fútbol, no pretendáis entenderlo.

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Selección de Yugoslavia en el Mundial de Italia 1990. Fuente: rasadeportes.com

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Fabien Barthez defendiendo la portería gala. Fuente: es.fifa.com

El seleccionador surcoreano admitió haber alternado los dorsales de sus pupilos. El objetivo, atentos, era confundir a los europeos, “ya que tienen problemas a la hora de distinguir las caras de los orientales”. No sirvió de mucho, pero me quito el sombrero ante su ingenio. Por cierto, ¿alguien se imagina la que le hubiera caído al difunto Luis Aragonés por comentar algo parecido? Ay.

Hace un par de décadas, el gobierno de Islandia decidió fomentar el deporte entre los jóvenes para acabar con el botellón. ¿Resultado? Mientras los más juerguistas del instituto ven los partidos en Mediaset, sus coetáneos islandeses se encuentran en Rusia dándole a la bola. Islandia tal vez sea el único que país que me gusta tanto como su selección. En parte porque visten como mi Linares Deportivo.

El VAR me parece la pesadilla de los marrulleros. Ahora no les queda otra que jugar bien. Yo siempre seré más de bar, con “b”. De discutir las jugadas polémicas entre ruido, cerveza y tapas. Sobre todo cuando el resultado es lo de menos porque se enfrentan Suecia y Corea del Sur.

Mi hermano y yo también jugábamos al Super Soccer. Nos gustaba menos: no salía España. Su música, en cambio, molaba más. Os dejo comprobándolo. Mucha suerte a todos en la jornada venidera.

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De Corea y Japón a Rusia

Me encantan los mundiales de fútbol. Los asocio a los polo-flash de KELIA, a sacar del armario las bermudas, a la fiesta de fin de curso. También a derrotas inesperadas que neutralizaron todos los triunfos anteriores. Así fue hasta el año de Sudáfrica.

El fútbol evade y atonta, no lo niego. Pero también colorea jornadas intrascendentes. En esta latitud, cuando el calor todavía no ahoga, se convierte en el complemento perfecto del chiringuito o la piscina. Días largos, buen tiempo y menos trabajo. Para qué pedir más.

Veo imágenes del mundial de Corea y Japón -el primero que recuerdo- y me invade la nostalgia. Muchos que veían los partidos con el papá y el abuelo ahora lo hacen con sus hijos. Algunos futbolistas de entonces todavía participan, solo que como entrenadores. No se me olvida la imagen de Fernado Hierro encarándose con un árbitro egipcio, ni la de Aliou Cissé liándosela a la Francia de Zidane. Por cierto, ese torneo lo ganó otro Ronaldo que también se fue al Madrid.

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Hierro (izquierda) y Al Ghandour. Fuente: Libertad Digital

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Aliou Cissé festeja el triunfo de Senegal ante Francia. Fuente: Goli Sport.

He visto a mi equipo levantar un título e irse antes de tiempo demasiadas veces. Prefiero esto último a hinchar por la selección de un país donde jamás pondré un pie. En efecto, soy un privilegiado y tenéis todo el derecho a odiarme.

Un mundial en Rusia se me hace raro. Asocio al país con el ajedrez y la literatura. A diferencia de los serbios, los rusos se quedaron con la mejor parte de su imperio cuando este se desmoronó. Desde que se retiraron Karpin y Mostovoi no me caen ni bien ni mal. Eso sí: espero que el evento les quede chulo. Un mundial bien organizado quizás sea el único triunfo colectivo.

Voy a echar de menos a Italia. Nunca pensé que viviría un campeonato sin ellos. A la squadra azzurra se le permitía ser mediocre, pero no un equipo perdedor. No es la única ausencia: Holanda, Chile, Estados Unidos, Camerún, Turquía, Sudáfrica, Paraguay. Debutó Islandia y volvió Perú mil años después. Ojalá les vaya bonito.

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Buffon, lamentando la eliminación de Italia tras perder ante Suecia. Fuente: La Reppublica.

Ni Cristiano ni Messi ganaron. La diferencia es que el primero sumó un punto para Portugal y el segundo le quitó dos a Argentina. Bueno, y que la hinchada portuguesa festejó la igualada con timidez, algo del todo inconcebible para los argentinos.

México, Dinamarca, Polonia, Japón y Nigeria me recuerdan a esa gente que no se pierde una fiesta pero que siempre vuelve a casa antes de las tres. Si les preguntas, culparán al cansancio o a las circunstancias. Y si por alguna razón se desfasan, lo recordaremos por los siglos de los siglos.

Algunos dicen que el mundial “de verdad” empieza en octavos de final. Yo prefiero la fase de grupos: las pequeñas sorprenden a las gigantes, los europeos miramos al resto del mundo sin paternalismo y cada jugador sueña despierto con alzar la copa. Ese ambiente apenas dura dos semanas. Después todo se escribe en prosa.

Quedan muchos y muy buenos partidos. Mi pronóstico es conservador y poco comercial: reviviremos la misma final de Tokio dieciséis años más tarde y volverá a pintarse canarinha. La historia se repite, como bien cantaban los Reincidentes. Os dejo con ellos. Feliz torneo y mucha suerte a todos.

 

 

 

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Linares Deportivo: Fuego y cenizas

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Alineación del Linares en el estadio Gran Canaria. Foto vía udlaspalmas.net.

Una ciudad, un club, unos colores. En la era de la globalización, la tradicional consigna balompédica carece por completo de sentido; los grandes equipos, al igual que las grandes empresas, operan a lo largo y ancho del globo sin importar su lugar de origen. No obstante, durante las temporadas 2005-2006 a 2007-2008 la localidad andaluza de Linares navegó a contracorriente. Casi todos los aficionados al fútbol se declaraban hinchas del equipo local, el Club Deportivo Linares, por aquel entonces en el grupo IV de la 2ª División B. De tal forma que Atlético, Athletic, Sevilla, Betis pero sobre todo Real Madrid y Barcelona pasaron a un segundo plano. Y como veremos a continuación, la situación no era para menos.

Capitaneaba aquella armada un viejo conocido de las aficiones de Granada, Oviedo, Almería y Sporting: Pedro Pablo Braojos. Había llegado en el último tercio de la temporada 2004-2005 a modo de “apagafuegos”. Y como hiciera en el club de Gijón algunos años antes, encadenó una serie de buenos resultados que le permitieron salvar la categoría y ganarse la confianza de la directiva y la afición.

En las temporadas venideras, Braojos dirigió un equipo caracterizado por combinar en su justa medida a viejas glorias del fútbol profesional con avezados peloteros curtidos en la tan ingrata división de bronce. Algunos jugadores que vistieron la elástica azulilla aquellos años fueron “la Gaviota” Catanha (internacional con España tras brillar en el Málaga y Celta), el delantero argentino Gabriel “El Tanque” Bordi (ex del Nápoles, Granada o Sporting de Braga), el internacional senegalés y ahora en la Premier Mohamed Diamé (quien explotó al año siguiente en las filas del Rayo Vallecano) , José María Cidoncha, zaguero que tras pasar por Valladolid, Almería o Málaga colgó sus botas en Linares, o los porteros Moso (Zaragoza, Nástic, Albacete…) y Manu Arroyo (ex del Getafe).

El ambiente de los domingos por la tarde en el viejo Estadio Municipal de Linarejos era una fiesta, en especial durante las fases de ascenso a Segunda A o en el derbi frente al máximo rival de la provincia: el histórico Real Jaén. Uno y otro encarnaban dos maneras de ver el fútbol; los capitalinos eran un equipo de jóvenes canteranos abrumados por la presión de la tradición, muy presente en el recuerdo de sus aficionados más longevos; la escuadra azulilla, en cambio, aspiraba a hacer historia con una tropa que, debido a su veteranía, se hallaba de vuelta de todo y le jugaba de tú a tú a cualquiera. Atenas y Esparta.

La rivalidad a veces trascendía de lo deportivo, razón que alertó más de una vez a la Policía (para desgracia de los que tan solo queríamos disfrutar del espectáculo). El caso es que en los derbis de máxima rivalidad poco importan el contexto y las circunstancias. Cualquier cosa podía pasar, y entre Linares y Jaén, mineros y lagartos respectivamente, se dieron casi todos los resultados posibles.

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Lance de un Linares-Jaén. Foto vía nievesmoreno.blogia.com

La fortuna, musa caprichosa, no acompañó a la escuadra azulilla en las fases de ascenso a la división de plata. La temporada 2005-2006 superaron en la primera eliminatoria al Badalona, que se había proclamado campeón de liga en su grupo. El partido de vuelta, en tierras catalanas, tuvo una connotación social muy importante, pues varios hijos y nietos de inmigrantes linarenses y andaluces en general acudieron al campo a animar al Linares, aparte de los cientos de desplazados que llegaron desde Andalucía.

El triunfo a domicilio de los azulillos no solo fue deportivo, sino también simbólico: aquella era la victoria de los millones de inmigrantes andaluces que muy a su pesar se vieron obligados a abandonar su tierra natal hace décadas. No hubo suerte frente a la U.D Las Palmas. Tras un partido intenso en Linarejos, la vuelta se decidió en el Gran Canaria: triunfo amarillo con invasión de campo incluida. Aquella vez les salió bien.

Al año siguiente fue el Racing de Ferrol quien acabó con el sueño azulillo. Los gallegos se habían impuesto 2-0 en A Malata, en una eliminatoria que parecía ya sentenciada tras el partido de ida. No obstante, a punto estuvo de obrarse el milagro: el Linares igualó la eliminatoria forzando la tanda de penaltis, que tras los fallos de Chico y Cidoncha, se la llevaron los ferrolanos. Al menos, las aficiones se hermanaron, como también lo hicieron al año siguiente con la del Zamora C.F. Aquella eliminatoria sí que parecía favorable tras el empate a uno en el Ruta de la Plata, pero los castellanos se impusieron en Linarejos.

La temporada posterior todo se desmoronó: varios jugadores salieron del club al no aguantar los impagos, la directiva abandonó el barco tras no conseguir que el Ayuntamiento les construyese un nuevo estadio ni subvencionara la deuda contraída, eso sí, poco después de no haber renovado a Braojos. Y si bien los resultados hubieran permitido al equipo salvar la categoría, no lo hicieron las finanazas. El Club Deportivo Linares desapareció para ser refundado en categorías provinciales. Idéntica suerte que la del Linares Club de Fútbol a finales de los ochenta, escuadra en la que militaron los ilustres Manolo Preciado y Rafa Benítez. La historia volvía a repetirse cual teoría del eterno retorno de Nietzsche.

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Manolo Preciado en su etapa azulilla. Foto vía ideal.es

El Linares arriesgó, su directiva se endeudó y afición lo pagó caro. Algunos de sus máximos rivales de entonces, tales como Granada, Córdoba, Sevilla Atlético (también el Real Jaén) sí que pudieron alcanzar la gloria e incluso permanecer en ella. Sin duda alguna, el mayor error de aquellos años fue descuidar la cantera, que debería ser la piedra angular de todo proyecto deportivo. Y tal vez, confiar demasiado en una junta directiva ajena a la historia del club y a la ciudad, incapaces de ver más allá de la óptica del beneficio.

En fin, dicen que solo de errores se aprende. Tras varios ascensos consecutivos y tres temporadas consolidándose en lo alto de la Tercera División, el equipo, refundado como Linares Deportivo, espera volver a dar el salto a la división de bronce. No obstante, no todo fueron sombras en la temporada 2008-2009, la última del Linares en el fútbol profesional. Aquel año le ganamos al Jaén.

*Publicada en Los Otros 18 el 24 de marzo de 2015.  

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Linares y la esencia del fútbol

Linares es una ciudad sufridora, también en lo que respecta al fútbol. En los últimos años, la grada de Linarejos ha vivido un descenso, varias promociones de ascenso fallidas e incluso una desaparición. Lo mejor de tantos varapalos es que ya nada sorprende a la afición azulilla, familiarizada con lo que te da y te quita este deporte. Sin ir más lejos, hace un año su equipo peleaba por disputar el play-off de ascenso a Segunda División; una temporada después, navega sin pena ni gloria en el Grupo IX de la Tercera.

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Estadio municipal de Linarejos. Fuente: lacontradejaen.com

PROFESIONALIZACIÓN VS ‘AMATEURISMO’
Para explicar la situación actual del Linares Deportivo es preciso remontarse al verano de 2016. Poco antes del fatídico deceso de Fran Carles, una nueva junta directiva encabezada por Jesús Medina se hizo con la dirección del club. Su objetivo no era otro que profesionalizarlo. Un término que suena muy bien, sobre todo cuando no se conocen todas sus acepciones. Según el Diccionario de la Real Academia, ‘profesionalizar’ significa “dar carácter de profesión a una actividad”, además de “convertir a un aficionado en profesional”. El segundo significado expone una contradicción que suele obviarse: cuanto más se profesionaliza un sector, más irrelevante es el rol de los aficionados. De ahí parten casi todas las contradicciones del fútbol moderno, tan denostado por los más nostálgicos.

En Linares, esa tensión profesional-aficionado floreció la temporada pasada, tras la marcha (por la puerta de atrás) de jugadores carismáticos como Rafa Payán y Javi Quesada o del entrenador Torres, todos ellos artífices del último ascenso a Segunda División B. Puede que no fueran los más experimentados en la categoría de bronce, pero eso importa poco a la hinchada de cualquier equipo humilde. Su vara de medir es distinta, y para bien y para mal, se halla ponderada por el sentimiento y la memoria, en detrimento de la estadística.

Lo explicaba muy bien el actual seleccionador argentino, Jorge Sampaoli. En su etapa en el Sevilla FC, afirmaba que su filosofía no era otra que el ‘amateurismo’: jugar a fútbol disfrutando, por el escudo y la afición, “como se hace en el barrio”. Dicho de otra forma, el técnico de Santa Fe pretendía que sus pupilos recuperasen la entrega y la actitud que los caracterizaba antes de convertirse en profesionales. Y en una ciudad como Linares, pequeña, industrial y venida a menos, el amateurismo no se trata de una alternativa más. Es la única posible.

LA ESENCIA DEL FÚTBOL QUE AÚN PERVIVE
Ignoro los motivos, pero lo cierto es que ese fútbol analógico, tan de barrio y con tanto barro, aún pervive en la localidad minera. Una vez escuché a un aficionado visitante afirmar que Linarejos le transportaba a los años setenta. No lo decía con desprecio, sino más bien con admiración.

Un estadio sin pistas de atletismo y con gradas de cemento, en el que la afición aprieta y en cuyos aledaños también se juega a la pelota es un patrimonio del que muy pocos clubes pueden presumir. Por alguna razón, en los últimos años se consideraron de mal gusto y fueron reemplazados por armatostes de hormigón muy bien iluminados a los que solo se puede acceder en automóvil. Campos modernos y bien equipados, pero tan impersonales que cuando conoces uno, ya crees haber visto el resto. Personalmente, no me generan ninguna envidia.

Sea como fuere, la esencia balompédica linarense no se reduce a su feudo. Por suerte, en la ciudad de las minas todavía se valora la cantera. Seguramente su gestión y resultados sean mejorables, mas cabe recordar que, en los últimos años, la primera plantilla ha contado siempre con más de un jugador procedente de categorías inferiores, lo que cada vez es menos habitual en este deporte. He ahí otra razón por la que la afición azulilla debería sacar pecho.

LA NECESIDAD DE VOLVER A LOS ORÍGENES
Conviene no caer en el maniqueísmo: la profesionalización es muy deseable en determinadas áreas de cualquier club deportivo, como la economía, la comunicación o las relaciones públicas. A mí también me gusta seguir la actualidad de mi equipo a través Twitter y comprar sus productos oficiales por internet. Pero dirigir una escuadra como si de fuera una empresa conlleva el riesgo de dejar de lado a la afición, que siempre fue el alma de este deporte.

Ascender a Segunda o Primera División son metas por las que la gente del fútbol estaría dispuesta a casi todo, incluso a renunciar a sus valores. He aquí un peligro recurrente que se ha materializado en más de un rival. Con demasiada frecuencia, la identidad de los clubes se acaba diluyendo en pos de unos resultados que nunca llegan. Se suceden entonces las idas y venidas de futbolistas y entrenadores, los cambios de estrategia constantes y una inestabilidad permanente que da lugar a que el aficionado se identifique cada vez menos con su equipo de toda la vida.

Quizás, el ambiente enrarecido de la temporada pasada tuviera algo que ver con haberse distanciado de la humildad desde la que se refundó este club, allá por el año 2009, cuando varios exprofesionales hicieron de tripas de corazón y se amoldaron a los campos de tierra de la provincia. Sé que esta postura resulta en exceso simplista, pero no estaría de más dedicar unos minutos a reflexionar al respecto.

La fórmula del éxito es difícil de obtener, sobre todo en mundos tan competitivos y exigentes como el del deporte. Estoy convencido de que Jesús Medina, Alberto Lasarte, Jaime Molina y el resto de la directiva y del cuerpo técnico hacen lo posible para dar con ella, aunque no siempre acierten. No se trata de buscar culpables de la presente crisis. Tampoco pretendo juzgar las intenciones ni la buena o mala fe de nadie. El objetivo de este artículo no es otro que recordar, a los que están y a los que vendrán, que el fútbol linarense es difícil de concebir sin el ‘amateurismo’ sampaoliano. Que la modestia siempre fue una virtud, y no algo de lo que avergonzarse. Que los modelos a seguir deberían ser los del Eibar y el Leganés, y no los de aquellos rivales dirigidos desde China o Qatar.

Pero, sobre todo, lo que la directiva y el cuerpo técnico del Linares Deportivo nunca deberían olvidar es que a algunos nos ilusiona más un equipo entregado a su afición, aguerrido y carismático, que debutar algún día en Primera División, ahora llamada ‘LaLiga Santander’. Y por el futuro de este club, espero que sigamos siendo mayoría en las gradas de Linarejos.

*Publicado el 23 de enero de 2018 en lacontradejaen.com

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