Versos libres

Fin de ciclo

Este verano me puse a escribir. Quería reflexionar sobre mi etapa universitaria y todo lo que dio de sí. Luces y sombras. Me desahogué, encaré algunos fantasmas, reflexioné sobre aspectos de mi vida que hasta entonces había pasado por alto. Y también llegué a la conclusión de que debía cerrar este blog.

Cuando creé La bitácora empolvada tenía 21 años, acababa de regresar de mi erasmus en Lille y soñaba con trabajar en un periódico. Hoy, cuatro años y más de 150 entradas después, apenas me reconozco en aquel chaval. No sé si he madurado, lo que tengo claro es que soy muy distinto. Por tanto, ya no tiene sentido mantener un proyecto ideado por y para mi yo de entonces.

Por muy extraño que parezca, últimamente me sentía forastero en mi propio blog. Tantos cambios de diseño y de secciones respondían a mi deseo de mantenerlo con vida. Ha sido inútil. Creo que, más que reflejar mi voz, mostraba mis contradicciones. La bitácora empolvada se convirtió en una especie de portafolios anárquico sin continuidad ni hilo conductor. Como sabéis, la mejor manera de no decir nada es hablar de todo.

Han pasado cuatro años, pero siento haber cumplido muchos más. En todo este tiempo he vivido cuatro ciudades y habré visitado una veintena. He pasado por dos universidades y varios puestos de trabajo. De entre todos ellos, me quedo con la redacción de EL ESPAÑOL y las aulas del colegio Santo Tomás de Villanueva de Granada. En el extremo opuesto se encuentra VOZITAL MEDIA.

También noto que me he vuelto parco en palabras, quizás porque he desarrollado cierto pudor para hablar de mí. Puede que esté relacionado con haber descubierto el escaso valor de las opiniones, así como la irrelevancia de casi todas las noticias que consumimos. Antes pensaba que quienes hablaban de todo todo el tiempo estaban informados. Hoy me parecen charlatanes.

Creedme, no hay tristeza en estas líneas. Tampoco dolor. Más bien me siento aliviado. Ser uno mismo todo el tiempo agota. Además, cada una de nuestras posesiones nos acaba esclavizando tarde o temprano, incluidos los dominios web y las bitácoras digitales.

Lo que más lamento es dejar colgadas a las personas que me leían con regularidad. Por si les sirve de consuelo, intentaré reciclar mis Crónicas del Gachi en medios de comunicación locales. No prometo nada.

Hora de cerrar. Gracias por seguirme y hacerme aprender tanto durante este tiempo. Se hizo lo que se pudo. Os garantizo que seguiré escribiendo, aunque no aquí.

Fue un placer. Hasta la próxima.

adios goku

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