Versos libres

La muerte de un padre

Hace unos días murió el padre de una amiga muy querida. Aunque él llevaba tiempo luchando contra el cáncer y su pronóstico no era nada favorable, afrontar lo inevitable ha resultado difícil para ella. Prepararse para lo peor no significa que no te vaya a doler; he ahí una lección que todos aprendemos tarde o temprano.

Semanas atrás, mi amiga se había trasladado a casa de su padre. Estaba pendiente de él y le hacía compañía. Sin embargo, a diferencia de tantos otros, ella nunca dejó de vivir. No descuidó sus estudios, ni sus relaciones personales, ni siquiera su aspecto. Incluso le dio tiempo a entrar en mi vida y a convertirse en una de esas personas que hoy considero indispensables.

Hay una escena de la película El Rey León en la que Simba, al observar su reflejo en una charca, se encuentra con el rostro de su padre. “Él vive en ti”, le susurra Rafiki. “Recuerda quién eres”, clama poco después Mufasa desde las alturas. Creo que ilustra de maravilla lo que intento expresar.

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Reflejo de Mufasa en el reflejo de Simba. Fuente: deviantart.com; autor: isuru077

Cuando alguien se va y el duelo concluye, llega el momento de convertir todo el dolor en energía. De “mirar al cielo y crecer”, como diría el bueno de Manolo Preciado. Conlleva tiempo y requiere un gran esfuerzo, pero el proceso merece la pena. Porque también es una forma, acaso la mejor, de rendir homenaje a los que ya no están.

La verdad es que no sé cómo superar la muerte de un padre. Cada vez tengo más manía a esos artículos que, a modo de manual de instrucciones, te dicen qué hacer y cómo sentirse en cada momento. Sin embargo, estoy convencido de que si los que se fueron pudieran vernos, nada les haría más ilusión que descubrir cuánto aprendimos de ellos. Que seguimos teniéndoles presentes aunque hayamos continuado -qué remedio- con nuestra existencia rutinaria. Que ahora son parte de nosotros. Y que, precisamente por eso, hemos salido adelante.

Cuando los nubarrones se vayan, la vida de mi amiga recuperará su tono colorido. Mientras tanto, le toca afrontar el golpe con entereza y serenidad. Qué fácil es decirlo. De todas formas, reposará con la conciencia tranquila. Se sacrificó cuando tocaba y no cargó en los demás todo el peso de su dolor. Su padre, allá donde quede, seguro que la observa con orgullo. Muy pocos tienen tanta suerte con sus hijos.

Ánimo, Eva.

 

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