La era del gallo

En el fútbol nada hay eterno. Clubes que acumulaban copas ya no existen, ciudades ajenas al deporte rey vibran con la Champions, estrellas precoces se retiran antes de los treinta. He vivido lo suficiente para ver a equipos mediocres convertirse en campeones, volver al agujero y resurgir de sus cenizas. Me parece algo bello: si nada está escrito, todo es posible. Preguntádselo a los franceses.

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La selección gala alza la copa del mundo de fútbol. Fuente: Kremlin.ru

La selección gala ha demostrado ser la mejor del torneo. El equipo se fue haciendo partido a partido, solventando dudas y corrigiendo sus fallos. Además, el varapalo de la eurocopa perdida en casa ante Portugal obligó a la prensa a contener la euforia. Les Bleus sabían de sus posibilidades, pero no se veían favoritos.

Quizás, esa ‘humildad pragmática’ se trate del ingrediente secreto que transforma el orgullo en esfuerzo y la vanidad en sacrificio. Y si a eso le añadimos un talento descomunal, una insultante juventud y un vestuario formado por personalidades equilibradas, para qué pedir más.

Creo que el combinado que el domingo alzó el título representaba a lo mejor de su país. Una Francia simpática, acogedora, multicultural. De personas trabajadoras y hechas a sí mismas, pero sin ese egoísmo pestilente propio del sueño americano. El triunfo de esta escuadra me parece una gran noticia. Y lo dice alguien cuyas selecciones favoritas (aparte de España) siempre fueron las de Italia y Brasil.

Ha comenzado la era del gallo. De aquí a los próximos seis u ocho años, Los “irreductibles galos” se convertirán en el rival a batir. Enfrente tendrán a la Portugal de Cristiano, a la España de Luis Enrique, a Croacia y sus ‘cojones’. A Italia, Alemania u Holanda, obligadas a reinventarse. A las sempiternas Brasil y Argentina. Y a todas esas ‘tapadas’ que nunca valoramos lo suficiente.

Ser la primera nunca es fácil. Todas te envidian y quieren batirte. Y si no lo consiguen, el tiempo hace el resto. Repito: en el fútbol nada hay eterno. Solo por eso, hoy los franceses tienen motivos suficientes para celebrar por todo lo alto una victoria más que merecida. Félicitations. Y muchas gracias de parte de un aficionado al deporte rey.

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