Cosa de dos

La peor nostalgia procede de aquello que nunca sucedió. No recuerdo si lo escribió Carlos Ruiz Zafón o de Enrique Vila-Matas, el caso es que podría aludir a los futbolistas de Uruguay o Brasil, de Rusia o Suecia, de Bélgica o Inglaterra, últimas noqueadas en esta copa del mundo.

Dicen que nada hay más triste que caer en fase de grupos, aunque lo dudo mucho. Ninguna selección se siente perdedora en cuartos de final, sin embargo, quedar entre las ocho mejores apenas se valora. Se trata de la fase de transición entre la grandeza y la mediocridad. Un equipo cuartofinalista es un estudiante de notables. Competente pero eclipsado. Condenado a la frustración eterna a menos que cultive su mundo interior.

A su vez, las semifinales engañan. Comentaristas y aficionados internacionales contemplamos a vencedores y derrotados con la envidia del perdedor. Los respectivos entrenadores acaban con un curriculum de puta madre, salvo que te llames Luiz Felipe Scolari y Alemania te meta siete en casa. Sea como fuere, quedarse a 90 minutos de la final tras haber disputado medio centenar de partidos en una misma temporada duele mucho.

francia croacia
Lance del Francia-Croacia en el mundial de 1998. Fuente: @HNS_CFF

La Historia se decide en instantes y la deciden detalles. He llegado a la conclusión de que el mayor distintivo de los campeones, en el deporte y en la vida, es su habilidad para controlar todos los factores a su alcance. En sus hazañas hay mucho más trabajo que suerte, siempre presente aunque con distinto dueño. Franceses y croatas me parecen buenos ejemplos.

Este torneo nos ha confirmado que la igualdad vino para quedarse. Que México elimine a Alemania, Rusia a España o Bélgica a Brasil es magnífico para todos. Por otro lado, el VAR ha desarticulado las posibles ‘manos de Dios’ y a los Byron Moreno y Gamal Al Gandhour de turno. Que el fútbol sea más metódico lo ha convertido precisamente en un juego más impredecible. Todo está más nivelado. Ya no hay ‘cenicientas’ ni favoritas, solo rivales. Qué alegría.

El mundial es cosa de dos. A un lado, Francia, finalista en la última Eurocopa. Una escuadra que se resurge de las cenizas que dejaron los Barthez, Thuram, Viera y Zidane hace no mucho. Enfrente, la sufridora Croacia, que llegó hasta aquí tras soportar tres prórrogas. Modric, Rakitic y compañía.

Veo algo favoritos a Les Bleus, pero me da igual lo que ocurra. En otras palabras: disfrutaré pase lo que pase. Notable colofón para un mundial espectacular. Ha sido un placer. Gracias y hasta dentro de cuatro años.

 

 

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