Crónicas del Gachi

Apuntes culturales a quemarropa

Este año gasté mucho dinero en la Feria del Libro. O mejor dicho, lo invertí. Pero no en la de Linares, sino en la de Granada, una de las más importantes de España. La de mi ciudad, en cambio, ha retrocedido respecto al año anterior: del Paseo de Linarejos ha pasado a concentrarse en la Plaza del Ayuntamiento. Esto es, de Mestalla al Ciutat de València.

Uno de los principales indicadores de desarrollo es la salud cultural. La de Linares languidece. No hay dinero ni trabajo, tampoco interés por nada. La espiral de desasosiego acaba devorándolo todo. Los jóvenes, embrutecidos por el ambiente, se ven obligados a dejar de serlo o a emigrar. Todo eso se nota.

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Feria del libro en la plaza del Ayuntamiento. Fotografía de Ángela Hidalgo.

Por supuesto, hay excepciones. Cineptos, CreArte, los festivales de Literatura Fantástica Tártarus y de Cine No Visto, los colectivos vecinales, las asociaciones culturales y de tiempo libre. En definitiva: aquellos que crean comunidad en esta sociedad narcisista. Pero me da la sensación de que todos nadan a contracorriente. Puede que se marchen dando un portazo si su ciudad no les reconoce. Y con “reconocer” no me refiero a dar palmaditas en el hombro ni a elogiar ante un micrófono.

Ya somos una localidad pobre y arruinada. No nos convirtamos además en un rebaño de borregos. Cultivemos nuestra sensibilidad y permitamos cultivarla. Mientras esa llama no se apague, podremos sobrevivir a un invierno que está siendo demasiado largo. Por el momento, como diría Antonio Machado, solo cabe esperar otro milagro de la primavera.

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