La importancia de desaprender

En la vida aprendemos bastante, olvidamos la mitad e ignoramos casi todo. Sin embargo, desaprendemos muy poco.

Estoy convencido de que a todos nos iría mejor si cada cierto tiempo fuésemos capaces de formatear nuestra cabeza para desechar lo que nos perjudicó. Aquellos ideales, discursos o valores que asumimos por error y que nos alejaron de nuestro yo más íntimo, con los que incluso hemos podido hacer daño a terceros. Desde aquí les pido perdón.

Iré al grano. Cada vez creo menos en los beneficios de la competitividad, esa patología que me animó a llenar el curriculum de sellos y de títulos para impresionar a quienes no me conocían. Y a asumir la prisa, con el pretexto de “aprovechar mejor el tiempo”. Recordemos: trabajar demasiado significa quitarle tiempo a todo lo demás.

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Viñeta de Eneko.

También desconfío de la tendencia hacia la hiperespecialización, tan propia de la universidad española. Conocer más que nadie de una sola materia e ignorarlo todo de las demás para convertirnos en personas-máquina. Intuyo que nunca hubo tantos doctorandos y tan pocos sabios.

Sigamos. Me repugnan cada vez más los “no me arrepiento de nada”, cantinela habitual de quienes solo miran su ombligo. Y los comportamientos excluyentes, mal llamados “selectivos”. Porque negar a otro una oportunidad jamás nos convertirá en personas más interesantes.

Me arrepiento profundamente de haber asumido el amor romántico, tan cercano al odio visceral, tan opuesto a los afectos sinceros. Y de haber caído en las garras de la impostura, hoy llamada “postureo”: todo esfuerzo por aparentar nos aleja de ser.

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Viñeta de Moderna de Pueblo.

Ahora sé que debería haber efectuado alguna que otra huida a tiempo. Y que tendría que haberme ahorrado varios lamentos y reproches a destiempo. Pues nunca hubo mérito alguno en los que permanecieron en el error. Sí, en cambio, en quienes supieron enmendarlo.

Tal vez madurar consista en darse cuenta de todo lo que nos queda por aprender. Sin embargo, y por muy paradójico que resulte, me parece un gran aliciente para levantarse cada mañana. Ojalá muchos más lo vean así. En fin, feliz desaprendizaje a todo el mundo.  

 

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Un comentario sobre “La importancia de desaprender

  1. Muy cierto, estás madurando, basta leer lo que escribes con mucho tino. La titulitis, que a muchos nos obligó esta mísera sociedad, es la creme de lo “políticamente correcto”, esto es, de la hiper-especialización pseudofuncionarial y de la censura fanática actual. El camino real solo lo aprenden los autodidactas, Te felicito.

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