Libros y escritura

‘La casa’ de todos

Tres hijos, el recuerdo candente de su padre, la vieja casa que construyeron durante los veranos. Afectos y rencillas. Nostalgia por esa época en la que todo parecía posible.

Fantasmas que no dan miedo. Cachivaches polvorientos. Las dudas sobre si se hizo lo correcto. La angustiosa falta de respuestas.

Una familia que crece. Sobrinas y cuñados. Un cielo turquesa reflejado en el Mediterráneo. Naranjas, campos de chufa y arrozales. Tempus fugit.

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Lámina de ‘La casa’ (Paco Roca)

Cuando adquirí La casa, el librero me advirtió que tras leerlo sentiría el impulso de telefonear a mi familia. Acertó.

Hacía tiempo que un cómic no me golpeaba tan fuerte. Con su sutileza habitual, Paco Roca lo ha vuelto a hacer. Que su tocayo Ibáñez me perdone, pero el autor de Arrugas o Los surcos del azar me parece el mejor historietista español de todos los tiempos.

Valoremos lo que tenemos y seamos agradecidos con los nuestros. Un día será demasiado tarde. Solo me queda dar las gracias a Paco Roca por habérmelo recordado. Y animaros a leer La casa, uno de esos títulos que elevan la novela gráfica a la categoría de obra de arte. Que la disfrutéis.

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Lámina de ‘La casa’ (Paco Roca)

 

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Crónicas del Gachi

Poesía y música entre libros

En todas las ciudades hay negocios en los que gastar duele menos y a los que gusta volver. Negocios cálidos, que acogen, como la librería Entrelibros de Linares, donde el pasado 13 de abril mi paisano Andrés Ortiz Tafur presentó su poemario Mensajes en una botella que estoy acabando.

El acto comenzó con algunos minutos de retraso, que el público aprovechó para adquirir la obra y abarrotar el local. Rondaban las ocho de la tarde y la librería parecía un pub. La música no tardaría en llegar, pero primero tocaba hablar de poesía.

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Andrés Ortiz Tafur (izquierda) y Teresa Martín, presentados por Javier Soler/ Foto: Entrelibros.

Mensajes en una botella que estoy acabando está prologado por el celebérrimo Andrés Neuman, pertenece a la colección Juancaballos de Poesía y lo edita la Fundación Huerta de San Antonio, auténticos héroes sin capa oriundos de Úbeda. El libro supone “un canto al fracaso”, en palabras del propio Tafur.

Arrancaron. “Mi infancia es un sábado por la mañana, en un Renault 8, camino de Úbeda; y el resto de mi vida, un balcón al que ya no se asoma nadie”, escupió el autor como dedicatoria o declaración de intenciones. Poco importaba.

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Ortiz Tafur y Teresa Martín/ Foto: Entrelibros.

Teresa Martín Ruiz dinamizaba el evento. Se habló mucho, quizás de más: literatura, redes sociales, política, campo y ciudad. La gente quería saber y también preguntó. No hubo grandilocuencia en las respuestas del escritor; he ahí un punto a favor de su libro.

Pasaban de las nueve de la noche cuando Javier Caracuel primero y Carlitos Hojas después musicalizaron algunos versos. Un cóctel poderoso y arriesgado que volvió a salir bien, como demostraban las caras de los presentes. Para qué añadir nada.

 

 

 

 

Finalmente llegó la hora de las firmas y dedicatorias, ese momento en el que los compradores disfrutamos más que el autor. Así concluyó una víspera de fin de semana diferente a las demás.

Nunca me gustó el trato que la Cultura recibe en Linares. Para muchos, con y sin poder, los artistas siguen siendo unos “vagos y maleantes” y la lectura se reduce a “un pasatiempo como otro cualquiera”. No obstante, que un viernes a última hora una librería se llenara de gente, de versos y de música (en ese orden y sin alcohol de por medio) me da esperanza.

Quizás sea hora de mimar a los jóvenes. También a esos jóvenes con más de cuarenta tacos, como Andrés Ortiz Tafur, que presentó su primer poemario en su ciudad natal pese a la ingratitud con la que trata a sus profetas.

Ahora nos toca a los lectores. Por el precio de un par de cubatas podemos degustar Mensajes en una botella que estoy acabando. Yo ya tengo mi ejemplar y no dudaré en utilizarlo. Larga vida a la poesía.

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Linares y la esencia del fútbol

Linares es una ciudad sufridora, también en lo que respecta al fútbol. En los últimos años, la grada de Linarejos ha vivido un descenso, varias promociones de ascenso fallidas e incluso una desaparición. Lo mejor de tantos varapalos es que ya nada sorprende a la afición azulilla, familiarizada con lo que te da y te quita este deporte. Sin ir más lejos, hace un año su equipo peleaba por disputar el play-off de ascenso a Segunda División; una temporada después, navega sin pena ni gloria en el Grupo IX de la Tercera.

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Estadio municipal de Linarejos. Fuente: lacontradejaen.com

PROFESIONALIZACIÓN VS ‘AMATEURISMO’
Para explicar la situación actual del Linares Deportivo es preciso remontarse al verano de 2016. Poco antes del fatídico deceso de Fran Carles, una nueva junta directiva encabezada por Jesús Medina se hizo con la dirección del club. Su objetivo no era otro que profesionalizarlo. Un término que suena muy bien, sobre todo cuando no se conocen todas sus acepciones. Según el Diccionario de la Real Academia, ‘profesionalizar’ significa “dar carácter de profesión a una actividad”, además de “convertir a un aficionado en profesional”. El segundo significado expone una contradicción que suele obviarse: cuanto más se profesionaliza un sector, más irrelevante es el rol de los aficionados. De ahí parten casi todas las contradicciones del fútbol moderno, tan denostado por los más nostálgicos.

En Linares, esa tensión profesional-aficionado floreció la temporada pasada, tras la marcha (por la puerta de atrás) de jugadores carismáticos como Rafa Payán y Javi Quesada o del entrenador Torres, todos ellos artífices del último ascenso a Segunda División B. Puede que no fueran los más experimentados en la categoría de bronce, pero eso importa poco a la hinchada de cualquier equipo humilde. Su vara de medir es distinta, y para bien y para mal, se halla ponderada por el sentimiento y la memoria, en detrimento de la estadística.

Lo explicaba muy bien el actual seleccionador argentino, Jorge Sampaoli. En su etapa en el Sevilla FC, afirmaba que su filosofía no era otra que el ‘amateurismo’: jugar a fútbol disfrutando, por el escudo y la afición, “como se hace en el barrio”. Dicho de otra forma, el técnico de Santa Fe pretendía que sus pupilos recuperasen la entrega y la actitud que los caracterizaba antes de convertirse en profesionales. Y en una ciudad como Linares, pequeña, industrial y venida a menos, el amateurismo no se trata de una alternativa más. Es la única posible.

LA ESENCIA DEL FÚTBOL QUE AÚN PERVIVE
Ignoro los motivos, pero lo cierto es que ese fútbol analógico, tan de barrio y con tanto barro, aún pervive en la localidad minera. Una vez escuché a un aficionado visitante afirmar que Linarejos le transportaba a los años setenta. No lo decía con desprecio, sino más bien con admiración.

Un estadio sin pistas de atletismo y con gradas de cemento, en el que la afición aprieta y en cuyos aledaños también se juega a la pelota es un patrimonio del que muy pocos clubes pueden presumir. Por alguna razón, en los últimos años se consideraron de mal gusto y fueron reemplazados por armatostes de hormigón muy bien iluminados a los que solo se puede acceder en automóvil. Campos modernos y bien equipados, pero tan impersonales que cuando conoces uno, ya crees haber visto el resto. Personalmente, no me generan ninguna envidia.

Sea como fuere, la esencia balompédica linarense no se reduce a su feudo. Por suerte, en la ciudad de las minas todavía se valora la cantera. Seguramente su gestión y resultados sean mejorables, mas cabe recordar que, en los últimos años, la primera plantilla ha contado siempre con más de un jugador procedente de categorías inferiores, lo que cada vez es menos habitual en este deporte. He ahí otra razón por la que la afición azulilla debería sacar pecho.

LA NECESIDAD DE VOLVER A LOS ORÍGENES
Conviene no caer en el maniqueísmo: la profesionalización es muy deseable en determinadas áreas de cualquier club deportivo, como la economía, la comunicación o las relaciones públicas. A mí también me gusta seguir la actualidad de mi equipo a través Twitter y comprar sus productos oficiales por internet. Pero dirigir una escuadra como si de fuera una empresa conlleva el riesgo de dejar de lado a la afición, que siempre fue el alma de este deporte.

Ascender a Segunda o Primera División son metas por las que la gente del fútbol estaría dispuesta a casi todo, incluso a renunciar a sus valores. He aquí un peligro recurrente que se ha materializado en más de un rival. Con demasiada frecuencia, la identidad de los clubes se acaba diluyendo en pos de unos resultados que nunca llegan. Se suceden entonces las idas y venidas de futbolistas y entrenadores, los cambios de estrategia constantes y una inestabilidad permanente que da lugar a que el aficionado se identifique cada vez menos con su equipo de toda la vida.

Quizás, el ambiente enrarecido de la temporada pasada tuviera algo que ver con haberse distanciado de la humildad desde la que se refundó este club, allá por el año 2009, cuando varios exprofesionales hicieron de tripas de corazón y se amoldaron a los campos de tierra de la provincia. Sé que esta postura resulta en exceso simplista, pero no estaría de más dedicar unos minutos a reflexionar al respecto.

La fórmula del éxito es difícil de obtener, sobre todo en mundos tan competitivos y exigentes como el del deporte. Estoy convencido de que Jesús Medina, Alberto Lasarte, Jaime Molina y el resto de la directiva y del cuerpo técnico hacen lo posible para dar con ella, aunque no siempre acierten. No se trata de buscar culpables de la presente crisis. Tampoco pretendo juzgar las intenciones ni la buena o mala fe de nadie. El objetivo de este artículo no es otro que recordar, a los que están y a los que vendrán, que el fútbol linarense es difícil de concebir sin el ‘amateurismo’ sampaoliano. Que la modestia siempre fue una virtud, y no algo de lo que avergonzarse. Que los modelos a seguir deberían ser los del Eibar y el Leganés, y no los de aquellos rivales dirigidos desde China o Qatar.

Pero, sobre todo, lo que la directiva y el cuerpo técnico del Linares Deportivo nunca deberían olvidar es que a algunos nos ilusiona más un equipo entregado a su afición, aguerrido y carismático, que debutar algún día en Primera División, ahora llamada ‘LaLiga Santander’. Y por el futuro de este club, espero que sigamos siendo mayoría en las gradas de Linarejos.

*Publicado el 23 de enero de 2018 en lacontradejaen.com

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