Lo que de verdad importa

Hace unos días murió la madre de un colega. Ignoro la causa, pero me afectó bastante: él tenía mi edad. Una vez más, ni puedo ni quiero ponerme en su lugar.

En esta época de ruido y distorsión, lo más urgente no suele coincidir con lo que de verdad importa. Sufrimos por tonterías a las que dedicamos demasiado tiempo. Nos encerramos en un “yo” siempre insatisfecho y dejamos de mirar alrededor. En vez de vivir, consumimos sin tregua. Y pedimos más.

A veces me dan ataques de lucidez y recuerdo que todo momento es bueno para contactar con los que se fueron lejos, ya sea por teléfono o escribiéndoles una carta. También para echar una mano a mis vecinos y parientes. Y para dar un abrazo a quien tengo más cerca, algo que olvido a menudo. Los pequeños gestos en el momento adecuado son los que hacen la vida. Casi todo lo demás es mierda.

Atendamos a las personas que queremos. Y ofrezcámosles nuestro cariño; un día no podremos hacerlo más. Entonces lamentaremos muchas cosas, y con razón. Porque como canta El Zatu, “un minuto de tu tiempo para otro es un mundo, regálaselo”.

Ánimo, Pablo.

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