Fracaso y responsabilidad según Joël Dicker

Joël Dicker es el escritor de moda en el universo francófono. El autor de La verdad sobre el caso Harry Québert o El libro de los Baltimore utiliza la lengua de Proust para escribir como Hemingway. Como resultado, nos regala historias redondas y fáciles de leer, repletas de diálogos, personajes contradictorios e imágenes evocadoras.

A sus treinta y pocos años, hoy a Dicker se le considera un ‘triunfador’. Por eso resulta pintoresco que decidiera hablar del fracaso cuando fue invitado a dar una conferencia en la Universidad de Ginebra.

(Lo siento, el audio está en francés sin subtítulos)

Casi todos huimos del fracaso. Lo ocultamos de nuestra biografía, a menudo edulcorada con éxitos superfluos. Optamos por figurar en vez de ser, y no solo por miedo. Según Dicker, el gran mal de la sociedad actual no es otro que la irresponsabilidad, la cual nos impide asumir errores y aprender de ellos. También nos vuelve conservadores: arriesgamos poco con tal de no llegar lejos y así poder volver sobre nuestros pasos.

Para el escritor, las redes sociales han fomentado esa irresponsabilidad. Cuando exponemos fotos, vídeos o textos con la intención de recibir un “me gusta” o un comentario no hacemos otra cosa que esperar la aprobación de los demás, a quienes entregamos poder e influencia mientras dilapidamos nuestro tiempo. Y ni siquiera somos conscientes.

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Joël Dicker, sosteniendo la traducción al inglés de uno de sus libros. / joeldicker.com

Joël Dicker estudió Derecho sin demasiadas dificultades. Tanto fue así que en cada curso le dio tiempo a escribir una novela. Todas fueron rechazadas por las editoriales. Ironías del destino (o no), hoy vive de la escritura sin necesidad de ejercer la abogacía.

Cuando le preguntan por su éxito, el suizo solo se atribuye el mérito de haber asumido su responsabilidad en cada momento. Combinó obligación y devoción, pragmatismo e ilusiones. Solo así pudo terminar sus estudios sin renunciar a escribir.

Yo también me he equivocado muchas veces. En lo académico, en el trabajo, con ciertas personas. Estudié mucho para aprender muy poco, acepté curros de mierda solo para “hacer curriculum” e intenté agradar a quien nunca importé lo más mínimo. La gran paradoja es que a esos fracasos les debo muchas lecciones.

No sé cómo lo veis, pero la posibilidad de empezar de cero una y mil veces, de convertir errores en aciertos y de aprender algo nuevo cada día me parece maravillosa. Y creo que las personas responsables la disfrutan más a menudo. He ahí un buen motivo para imitarlas.

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