Libros y escritura

Salvemos ‘Libros del K.O.’

Descubrí Libros del K.O. por casualidad. Quería leer con calma a varios cronistas que llevaba tiempo siguiendo y di una oportunidad a El autoestopista de Grozni, un reportaje personal y muy cuidado de Ramón Lobo. Vaya que si acerté.

Unos meses después, encargué Una cuestión de fe (Enric González), Mi abuela y diez más (Ander Izagirre) y En lo mudable (Antonio Agredano), en los que cada autor justifica sus colores futbolísticos aunando sentimientos, rigor y estilo literario. Otra vez me impresionaron.

Poco a poco fueron llegando más obras y autores: los primeros recuerdos sanfermineros de Chapu Apaolaza en Siete de julio, los testimonios de los exiliados laborales españoles recopilados con minuciosidad por Noemí López Trujillo y Fanny S. Vasconcellos en Volveremos, los consejos para escribir más claro del ‘guiri’ William Lyon y otras tantas confesiones de Hooligans ilustrados. Ninguno me ha decepcionado.

El pasado 20 de febrero, un juez ordenó el secuestro de Fariña, una investigación de Nacho Carretero sobre el narcotráfico en Galicia. Por lo visto, a un exalcalde de Alianza Popular no le ha sentado nada bien figurar en una nota al pie de página. La decisión, aparte de poco efectiva (el libro se ha agotado), dificulta la supervivencia de una editorial modesta pese a la calidad de sus títulos.

libros del ko

La ‘No ficción’, ese cajón de sastre que abarca crónicas, ensayos y reportajes, merece consolidarse en el mundo hispano. Como los anglosajones, los lectores de la lengua de Cervantes tenemos derecho a ediciones bien acabadas y a viajar sin movernos del sitio, así como a disfrutar de una escritura clara que nos ‘descomplique’ el mundo. Por eso mismo, y en tales circunstancias, no se me ocurre mejor momento para echar un vistazo al catálogo y de paso regalar alguno de sus libros.  

En el apartado ‘Quiénes somos’ de su página web, los responsables de la editorial se describen de la siguiente manera:

Nuestro objetivo es sencillo: recuperar el libro como formato periodístico. Ya sea en pergamino, en papel o en digital. Creemos en las grandes historias contadas a otro ritmo. Sin prisas, sin limitación de espacio, sin necesidad de consultar obsesivamente el reloj de la actualidad.

Creemos que la crónica periodística puede ser un género muy sexy y somos radicalmente promiscuos: nos encanta la crónica deportiva, el perfil minucioso, la microhistoria en la que nadie se fija, los obituarios, los corresponsales en zonas calientes y los redactores de periódicos de provincia que le buscan las cosquillas a las ruedas de prensa de los prohombres regionales; el cascarrabias Josep Pla y el gonzo Hunter S.Thompson, a quien nos gustaría juntar en una tertulia y ver qué pasa; las revistas para distraídos, como Etiqueta Negra, y las gacetas ilustradas del siglo XVIII; los charlatanes geniales como Julio Camba y los periodistas perezosos como Enric González; los fotógrafos que recorren la ex Unión Soviética para fotografiar satélites y los que dedican su vida a perseguir traineras en una zodiac; los fanzines y los púlpitos, el ciclismo y Chechenia, los columnistas descreídos y las defensoras del lector deslenguadas.

Todo va a salir mal, y nos parece estupendo.

Me gusta esa mezcla de frescura y nostalgia, de pequeñez y ambición. Solo espero que no acierten en su última línea y que sigamos disfrutando de los Libros del K.O. muchos años más. Que todo salga bien, y que a (casi) todos nos parezca estupendo. Tengamos fe. Compremos sus libros.

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