Crónicas del Gachi, Lugares con encanto

Pantano de Baños, playa de Linares

Una ciudad sin playa es una ciudad acomplejada. Por más que su Ayuntamiento invierta en Medioambiente, Cultura o Fomento, por muchos premios y muestras de reconocimiento que pueda recibir, siempre le faltará algo. Al menos así lo creen sus habitantes. Les sucede a metrópolis globales como Sao Paulo, París o Milán; a urbes medias tipo Lille, Zaragoza o Florencia; a capitales de provincia del estilo de Córdoba, Pamplona o Toledo. Y también a Linares, otra integrante más de un club nada selecto.

Hay villas que no admiten sus propias carencias y afirman “ser de montaña”. La mía camufló su tara enviando pobladores a ocupar de facto el Pantano de Baños de La Encina. Así nació la playa de Linares, término muy arraigado a pesar del agua dulce y de ubicarse fuera de nuestro término municipal.

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La playa de Linares te ofrece menos que las convencionales: no hay arena para hacer castillos ni orilla suficiente para jugar a la pelota. Tampoco puedes surfear ni almorzar en sus inexistentes chiringuitos. No obstante, el agua no es tan gélida como Rías Baixas, está prohibido arrojar basura y se puede pescar y montar en piragua. O lanzar piedras sobre la superficie a modo “salto de rana”, un pasatiempo de otra época que aún pervive. E igual de satisfactorio que, recién salido del agua, devorar el bocadillo de embutido envuelto en papel de aluminio que tú mismo has preparado para la ocasión. Y es que la infancia nunca pasa de moda en aquellos lugares que conservan caminos para bicicletas.

El clima en esta región suele ser benigno todo el año, salvo en los veranos de 35ºC a medianoche. Esos mismos en los que el Pantano presenta, a modo de protesta, una mayor afluencia de gente y de coches. Es entonces cuando reduce su distancia con respecto a las playas estandarizadas, sobre todo en lo relativo al sonido-ambiente y a la acumulación de residuos no siempre orgánicos. La historia de siempre, solo que a menor escala.

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No obstante, el pantano nunca será un destino de lujo ni masificado. Pocos faranduleros presumirán de haber puesto un pie en estas lindes casi desconocidas. Allí, los focos se mantienen apagados. Y no deja de ser parte de su encanto, como hallarse inmerso en un mar (de olivos) o pertenecer a Baños de la Encina. Un pueblo pequeño de calles empedradas, presidido por un castillo edificado en pleno Califato de Córdoba que encierra mil y una historias. Quizás os las cuente en otra ocasión.

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Libros y escritura

Fragmentos de ‘Mi abuela y 10 más’ (Ander Izagirre)

“Con cinco o seis años y una idea aún confusa sobre la influencia de mis padres y mis abuelos en el mundo, me quedó la impresión de que el título de Liga era un éxito atribuible a mi familia. No sé muy bien cómo explicarlo. La Real Sociedad era un fenómeno que ocurría en el salón de mis abuelos”.

“El señor Alberto Górriz, 599 veces jugador de la Real Sociedad, ganador de dos Ligas, una Copa, una Supercopa, participante en una semifinal de la Copa de Europa y goleador en un Mundial, veía los partidos en la misma tribuna baja que yo, en una localidad bastante barata. […] Los chavales no lo reconocían. Los adultos sí, por supuesto, pero como somos guipuzcoanos, nos quedábamos serios a su lado, fingiendo normalidad, sin molestarle con nuestras emociones”.

“Me acuerdo del último partido en Atocha, el 13 de junio de 1993, con el gol de Oceano y la despedida de Górriz. Unas semanas después demolieron el campo. El 13 de agosto estrenamos Anoeta. Yo iba a cumplir 18 años y me tocaba aprender que la vida adulta suele ser funcional, correcta y separada de la emoción por unas desoladoras pistas de atletismo”.

“Quizás por eso, porque sabe que la memoria es muy exigente y solo guarda fracasos bien cuajados, veintisiete años más tarde Marañón hijo dejó este comentario en mi blog: Aunque tu no lo sepas, ese Sevilla Atlético-Real Sociedad es una de las cosas más bonitas que has visto. Lo vas a recordar toda tu vida. Ese sufrimiento, ese rival, ese campo vacío, hasta ese resultado. Así se forjan las leyendas del fútbol“.

“La Real volvió a Primera en la temporada 2010-2011 y no supo muy bien qué hacer, si despegar hacia Europa o despeñarse de nuevo a Segunda. Con la Liga muy avanzada, en la jornada 24, rondaba los puestos europeos y empezamos a fantasear con el Liverpool. En los siguientes siete partidos, perdió seis, empató uno y quedó al borde de un barranco que se desmigaba semana tras semana. Llegó la última fecha y la Real aún no se había salvado: el Getafe se puso 0-1 en Anoeta y pasamos una de esas tardes taladradas por el terror en morse, cada vez que las radios pitaban por anunciar un gol en otro estadio. Cruzamos hasta los dedos de los pies. Por suerte, Sutil marcó el empate salvador y los jugadores de la Real dedicaron los últimos veinte minutos a convencer a los del Getafe que también a ellos les bastaba un punto. […] El árbitro pitó el final y aplaudimos un poco, de puro alivio y algo avergonzados,  como si diéramos las gracias a alguien por cambiarnos el pañal”.

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Ander Izagirre (San Sebastián, 1976) es un ‘periodista con botas’, como bien advierte su blog. Una posible reercarnación Chaves Nogales, solo que euskaldun y del siglo XXI. Es autor de Potosí, Plomo en los bolsillos, Cuidadores de mundos y de otros tantos libros que deberíamos leer. También ha escrito varios de esos reportajes que los viejos recortan y archivan mientras sus nietos los retuitean.

La Real Sociedad de Fútbol es el equipo de la bella y fría ciudad de San Sebastián, con todo lo que eso significa. Capaz de alternar un fútbol brillante con la más absoluta mediocridad, sigo pensando que la Justicia le debe el título liguero de la temporada 2002-2003, esa misma en la que Florentino Pérez sacó a Vicente Del Bosque por la puerta de atrás del Bernabéu. Aún recuerdo cómo sonaban los cohetes en Donosti por el subcampeonato.

Libros del K.O. es una editorial española especializada en no-ficción, que da cobijo a más de un cronista de referencia sobre los que se escribirán extensas tesis doctorales el día de mañana. A muchos de ellos los podemos leer en la colección Hooligans Ilustrados.

La alineación de semejantes astros dio lugar a Mi abuela y diez más, cuyos mejores fragmentos no están aquí, sino entre las 110 páginas que componen el libro. Solo espero que disfrutéis de su lectura tanto como yo.

Aupa erreala. 

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Versos libres

Lo que somos

Jorge Luis Borges afirmó que prefería ser recordado por todo lo que había leído antes que por lo que pudiese llegar a escribir. La frase pasó a la historia como una boutade; su autor, como referente de la Literatura y de la falsa modestia. Sin embargo, creo que tenía razón. Nuestra identidad se compone de recuerdos y vivencias más que de nuestro trabajo o de la valoración que otros puedan hacer de él. Somos más pasivos que activos, aprendemos de lo que observamos. Y así será siempre.

Hace unos días, un amigo vino a visitarme a mi ciudad natal. Le enseñé lo que da tiempo en un fin de semana incompleto, es decir, casi toda Linares. Desde El Corte Inglés al vetusto Municipal de Linarejos, bares (que no putas) incluidos. También pasamos por delante de un Museo de Raphael que no abre los sábados y de una iglesia de Santa María con más costaleros que devotos, como es habitual. Otra noche que finiquitamos más tarde de las tres, obligados por la tradición. Pero en realidad, el contenido del tour no era más que una excusa. Porque cuando alguien quiere enseñar, él es el primero que se muestra.

Somos lo que hemos vivido. El Paseo de Linarejos en bicicleta, las tiendas que aún quedan en el Centro Comercial Abierto, la calle Campanario cuesta arriba a las 8 de la mañana o la tienda de golosinas frente al colegio Sagrado Corazón me definen más y mejor que la profesión, vestimenta o creencias con las que algunos me identifican. Y somos bastantes más sencillos de lo que creemos, he ahí la mayor de nuestras complejidades. Tuvo que ser un argentino quien me hiciera ver que su compadre Borges estaba en lo cierto.

A aquel fin de semana le faltaron las mismas horas que al resto. Cenamos de tapas, dilapidamos nuestra nómina en cervezas, desayunamos churros y el Linares Deportivo volvió a perder sin merecerlo. Un finde como otro cualquiera que, sin embargo, lo disfruté como ninguno. No fue casualidad; dicen que la felicidad tiene más de con quién que de en dónde.

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Gracias por todo, Joaquín. Linares te espera de nuevo (y con los brazos abiertos).

 

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