Libros y escritura

Los consejos para escribir claro de William Lyon

A todos nos gustaría escribir bonito. Tanto, que para lograrlo somos capaces de sacrificar la franqueza de nuestra prosa. En el libro La Escritura Transparente (Libros del KO), William Lyon denuncia justo eso, la falta de claridad por escrito de demasiados profesionales, empeñados en demostrar un dominio del lenguaje que no poseen y que nadie les exige.

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A continuación recopilo algunos consejos que deberíamos tener presentes a la hora de enfrentarnos a un folio en blanco. Sobre todo cuando nuestro objetivo sea redactar un escrito que requiera escasa imaginación y nada de ficción, como sucederá casi siempre. Duro con ellos.

  • A escribir NO se aprende en dos días. Practica.
  • Regla de oro: Sujeto+verbo+complementos; verbos activos en vez de pasivos; si basta una palabra, ¿para qué usar tres?
  • Piensa antes de escribir; cuanto más tiempo inviertas en averiguar qué quieres decir, cómo y con qué extensión, menos tardarás en redactarlo.
  • Ten presente al lector en todo momento. Sin él, escribir no tiene sentido.
  • Revisa el texto al acabar. Y pide a una voz autorizada que lo lea.
  • Nunca olvides la función esencial: informar. Todo lo demás es secundario.
  • Para noticias e informes, regla de las 5w: qué (what), quién (who), dónde (where), cuándo (when) y por qué (why). Si lo sabes, añade el cómo (how).
  • Jerarquiza: la información más importante al principio.
  • En un reportaje, preocúpate por lograr un buen arranque. Por ejemplo, describe una escena o ambiente relacionados con la historia.
  • Si el tema es controvertido, incluye opiniones que disientan de la tesis del artículo.
  • Un gran reportaje ha de contener una gran idea que puedas resumir en una frase. No empieces a escribir antes de tener claro cuál es.
  • El cierre de un reportaje ha de ser parecido a la entradilla, para dejar buen sabor de boca al lector.
  • En una noticia, el primer párrafo debe causar una reacción tipo “¡Qué interesante!”; el segundo y tercero, “¡Cuéntame más!”, y a continuación se debería incluir una cita de autoridad entrecomillada.
  • No sanciones la chispa y el buen humor; marcan siempre la diferencia.
  • Busca en todo momento un hilo conductor que justifique el orden de los párrafos.
  • No pongas entre comillas la información descriptiva más básica. Guarda el recurso para las declaraciones más llamativas.
  • Introduce adverbios y preposiciones al principio de ciertos párrafos, a modo de transición.
  • Omite tópicos. Ya basta de vasos medio llenos/vacíos, silencios sepulcrales y partidos del siglo día sí, día también.

He aquí las principales enseñanzas del librito. A modo de resumen, añadiré una que encierra a todas las anteriores a la vez: el mejor estilo es el que no se nota. Hagamos caso a William, sigamos escribiendo.

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Libros y escritura

Fragmentos de ‘Una cuestión de Fe’ (Enric González)

“El descenso de 1989 provocó la dimisión del presidente, Antonio Baró. Eso, a su vez, generó una situación grotesca. Según los estatutos del club, Baró debía ser reemplazado por su vicepresidente, y si éste se negaba por el siguiente en jerarquía dentro de la directiva. Nadie mostró interés en hacerse con el mando. Eso obligó a seguir buscando en los estatutos, que establecían para esa situación tan atípica la creación de una comisión gestora, encabezada por el presidente de la Federación Catalana de Fútbol. Resultó que en esos momentos la Federación estaba a la espera de elecciones y carecía de presidente, por lo que la gestora debía quedar en manos del vicepresidente federativo. Que no era otro que Joan Gaspart, vicepresidente del Barcelona. Solo le faltaba ese sarcasmo a un club hundido en la miseria”.

“Los desastres no son inevitables. No cuesta nada concebir un universo paralelo en el que Adolf Hitler se dedica a pintar acuarelas, Josif Stalin se queda en el seminario y Javier Clemente va a Leverkusen, en los suburbios de Colonia, a jugar al fútbol. En ese universo, libre de Auschwitz y del gulag, Valverde marca un gol en Leverkusen, el Espanyol levanta su primer trofeo continental y el mundo es más feliz.”

“En mi opinión, a los madridistas, barcelonistas y otros seguidores habituales a los éxitos les pasa un poco eso. No han tenido tiempo de forjarse una fe a prueba de cualquier fiasco. ¿Pierden una final? No pasa nada, ya han ganado finales antes y dan por supuesto que las ganarán después, más pronto o más tarde. Pueden sentirse tristes, pero jamás han experimentado el auténtico vacío existencial de quienes sospechan, con bastante fundamento, que su dios se ha largado para siempre”.

“El 27 de Mayo de 2000 estuve en Mestalla y, por primera vez en mi vida, con 41 años, vi al Espanyol ganar un trofeo. La Copa. Al salir del estadio, camino de la estación, no sabía cómo comportarme. Unos tipos del Atlético de Madrid, los derrotados, se dirigieron a nosotros, un grupito de vencedores. ¡Pero celebradlo, coño! He pensado en ello desde entonces”.

“La identidad del Espanyol se ha construido desde la minoría, con derrotas muy dolorosas, una época de exilio y una constante necesidad de resistir. La identidad del Espanyol es la fe. Eso es lo que intenta reflejar un lema un tanto melifluo: la força d’un sentiment. “

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Cuando era pequeño pensaba que el mundo era la federación global en la que se convertirá el día de mañana. Por eso me gustaba el Espanyol, supuesto representante de mi país en la imaginaria liga de fútbol universal, tal y como indicaba su nombre (una lógica muy fiel al origen del club, por cierto). Además, en mi casa había periquitos. Anodinos y respetuosos, estaban provistos del encanto de quienes viven y dejan vivir, común en la mayoría de aficionados y jugadores de este equipo.

El periodista referente Enric González nos ofrece en Una cuestión de fe la crónica sentimental del porqué de sus colores. La publica Libros del KO, una editorial que se acabará volviendo de culto, al igual que su colección Hooligans Ilustrados. Imprescindible para todos los derrotados, que no derrotistas, sean o no futboleros. Que disfrutéis de su lectura.

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Errónea indignación

Pamplona, enero de 2017. Las marquesinas de las paradas de ‘villavesa’ (autobús), amanecen decoradas con carteles de la última campaña de la asociación Chrysallis, integrada por las familias de los menores transexuales del País Vasco y Navarra. Hay niños con pene y niñas con vulva. Así de sencillo, reza su eslogan. La mayoría sufre cada día porque la sociedad desconoce esta realidad, acompaña el segundo nivel de texto. Hablemos de ello, su felicidad también depende de ti, concluye el anuncio. Por el momento, nada que no sea cierto.

La infancia es un periodo en el que por definición se sufre, bastante más si eres diferente. Solo por su radical sencillez, esta campaña me parecía loable. Ya es complicado nacer distinto, no se lo pongas más difícil, dicho de otra manera. Pero no todos lo ven así.

Lo sé porque, hace unos días, un amigo compartió en su muro de Facebook la siguiente fotografía:

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¡Y los pollos tienen escamas y las sardinas alas!, puede leerse en la hoja del centro. No he conocido ningún caso, ni a nadie que pueda corroborarlo, pero da igual. Lo realmente pintoresco no es eso, ni que se tache el anuncio con cinta policial. Tampoco el intento mojigato de tapar la zona genital de dos de los niños con el folio. Lo más inquietante fueron las excusas, que no argumentos, empleadas por algunos para justificar el amago de vandalismo.

En efecto, minutos después de publicar la foto, en el muro de mi amigo podían leerse todo tipo de improperios contra los mensajes de Chrysallis amparándose en la Ley Natural y la Biología, para a su vez despotricar contra el supuesto el lobby integrado por quienes defienden la ideología de género “cuyo único objetivo es destruir la familia tradicional”. No podemos permitir que se corrompa de esa manera a los niños indefensos. A los transexuales hay que quererlos, pero no dejar que se extiendan. Los niños no tienen la madurez suficiente para este tipo de imágenes. Al fin y al cabo, aunque sean dibujos, están desnudos.  

Al principio me escandalicé; poco después empecé a sentir una mezcla de rabia y pena. No pude resistir el impulso y expresé mi opinión, como tantos otros. Daba igual; los que pensábamos que la campaña era correcta, aunque muy mayoritarios, no les íbamos a convencer.

Conozco a varios de los que se echaron las manos a la cabeza e intentaron justificar este pequeño pero simbólico acto de sabotaje. No son estúpidos, tampoco iletrados. Sin embargo creen, con toda su honestidad, que las potenciales víctimas son los niños mal llamados “normales” que pueden observar el anuncio mientras esperan el autobús, no aquellos a los que les ha tocado nacer hermafroditas o transgénero. A pesar del infierno en el que muchos de estos últimos viven y que se refleja en un alto porcentaje de intentos de suicidio, o del acoso escolar al que se ven sometidos por no encajar con los parámetros de una sociedad intransigente. Pese a todo, piensan que lo esencial del asunto radica en que el dibujito sin colorear muestra a cuatro niños desnudos. A su entender, “corrompe a los menores”. Cuestión de sensibilidades.

Da la impresión de que en esta época hubiera que estar indignado todo el tiempo. Justo por eso, creo que a los ciudadanos de hoy nos corresponde realizar un gran esfuerzo para distinguir las luchas que merecen la pena de aquellas que resultan contraproducentes o directamente erróneas. Debemos aprender a diferenciar entre quienes quieren derribar muros y aquellos que claman por construirlos, entre los que intentan erradicar prejuicios y quienes los propagan. En definitiva: a discernir los principios y valores inclusivos de los excluyentes.

No siempre es fácil. Yo también he juzgado mal a quien no debía por ignorancia o miedo. Mas a día de hoy tengo muy claro que criminalizar desde mi zona de confort a colectivos que sufren supone el primer paso hacia algún tipo de barbarie de la intentaré no formar parte.

Esta campaña me parecía loable, pero me equivocaba. Acabo de darme cuenta de que, por desgracia, sigue siendo más que necesaria. Mucha suerte con ella a Chrysallis Euskal Herria.

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Nostalgia entre bastidores

Echo de menos hacer teatro. Llegué hasta él en el colegio, mediante la típica función navideña, y lo redescubrí en el último año de universidad gracias a la tropa Teatrolari de Pamplona.

Nunca les agradecí todo lo que aprendí en apenas un curso: técnicas de relajación y respiración, la importancia del entorno, la necesaria construcción y evolución de cada personaje y un sinfín de elementos difíciles de percibir que marcan la diferencia en cada representación.

De hecho, creo que el desarrollo de Grecia y Roma se debió en mayor medida al talento de sus hombres sobre el escenario que en el campo de batalla.

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Actores de la Compañía Nacional de Teatro Clásico representan ‘La vida es sueño’, de Calderón de la Barca.

El prestigioso abogado y fugaz político Antonio Garrigués-Walker montó una compañía de teatro amateur para distraerse sus ratos libres. Qué mejor manera de desconectar de la realidad que diseñando otras, debió pensar. Los escenarios también acogieron un tiempo al füher del bigotito. Entre bastidores, Adolf aprendió a proyectar la voz para lanzar arengas a una audiencia anhelante de emociones. Años más tarde, cambiaría el teatro de verdad por el de la política, para desgracia de todos. También se dice que sobre la tarima se han entrenado algunos diputados de Podemos. Si fuera cierto sus adversarios deberían temblar, pues pocas escuelas te preparan mejor para la vida que las artes escénicas.

Hace ya más de un mes asistí con un amigo al Teatro Cervantes de Linares a la representación de Quijhostia, un spin-off del clásico cervantino escrito y dirigido por Pedro Güido, con puesta en escena a cargo del grupo La Cuerda. Aunque fuera una comedia, no hubiera más de cuatro personajes y contara con una sola línea argumental, abordaba con maestría un gran tema que nos atormenta desde el principio de los tiempos: la diferencia entre amar y querer.

Disfruté mucho desde el patio de butacas, pero en el fondo sentía envidia del elenco de actores. Pocos placeres superan al de sentir la gratitud del público ante un trabajo bien hecho que lleva tu firma.

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Hacer teatro es ponerse a la fuerza en el lugar del otro para emprender acciones de las que te creías incapaz. Perder el temor a ser juzgado y a equivocarse, prescindiendo del innecesario qué dirán. Te permite vivir en otro cuerpo, viajar en el espacio y en el tiempo sin salir de ti mismo; habitar en las grandes obras de la literatura universal y conversar con sus personajes. Y todo sin más elementos de apoyo que un texto, un escenario y alguien con quien interaccionar.

Fueron el teatro, el voluntariado y mi intercambio en Francia los artífices de mi victoria frente al miedo escénico. Así que, en caso de que os sobre el tiempo y os falten retos, no lo dudéis: apuntaos a la escuela o taller que más os convenza de vuestra zona. Notaréis la evolución personal y el placer escénico en cuestión de semanas. Y para estrenar la lista de propósitos de año nuevo, prometo predicar con el ejemplo y volver a los escenarios en cuanto disponga de más tiempo. Mientras tanto, disfrutaré como espectador de las obras tenga a mi alcance. Buen plan, ¿no os parece?

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Versos libres

12 artículos que recordaré del 2016

Año nuevo es época de listas. Un amigo recopiló hace poco los libros que había devorado, que fueron varios y parecen bastante buenos. Hace doce meses elaboré un decálogo de proyectos periodísticos que acababan de nacer, algunos de los cuales ya no existen. Esta vez he sido (todavía) menos original y solo os traigo una docena de artículos que he leído durante este 2016 que acabamos de abandonar.

No son los mejor escritos, tampoco los más representativos del curso. Solo están aquí porque en su momento captaron mi atención y para recordarlos no he forzado en exceso mi memoria. Espero que os gusten y os hagan pensar, que viene a ser lo mismo a la hora de enfrentarse a un texto. Feliz lectura y mejor 2017.

El asco, Martín Caparros. Un gran trotamundos comenta una postal de aspecto inocente. Necesaria sacudida a nuestra acomodada conciencia.

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Ilustración del artículo de Caparrós. Foto via Altaïr Magazine

Insomnio, Ricardo F. ColmeneroPor qué seguimos esperando su mensaje aunque cada uno haya rehecho su vida. Ejemplos que hablan solos. Palabras que están sin haber sido escritas.

Yo no soy la leche, Ángeles Caballero. En un mundo de egos hipertrofiados, corporativista y autorreferencial hasta más no poder (y del que formo parte) nunca viene mal un poco de agua fría. Yo tampoco soy la leche.

Entrevista a Chapu Apaolaza, Karina Sainz Borgo. Entrevista-reseña a uno de los mejores cronistas sanfermineros. Confieso que estoy ahorrando para incorporar 7 de julio a mi biblioteca. Espero haberlo finiquitado antes del próximo chupinazo.

Muerte al amor romántico, Bárbara Ayuso (no disponible online). Imprescindible alegato contra una lacra social que tanto daño ha hecho a mujeres y hombres. Por un mundo libre de Barbies. Larga vida a la Princesa Leia.

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Fragmento del artículo de Barbayo Ayuso, publicado en Jot Down Smart.

Hay que matar al rojo de la coleta, Vicente Ferrer Molina. ¿Qué hubiera pasado si en vez de guardias civiles agredidos en Alsasua hablásemos de otras personas en lugares distintos? Nunca lo sabremos, pero nuestra primera impresión sería muy diferente. Haced la prueba.

Cómo la tecnología altera la verdad, Katherine Viner. “Posverdad” ha sido una de las palabras del año, y en este ensayo se desentraña su significado (adelanto que va relacionado con mentira, prisa y rentabilidad). Muy completo y con ejemplos esclarecedores de aquello a lo que tendremos que acostumbrarnos en los años venideros.

Beyoncé nunca tocará para Podemos, Ricardo Romero, Nega. El cantante de Los Chikos del Maíz toma la palabra en nombre de la Izquierda para realizar un ilustrado ejercicio de autocrítica ante el derroche de mitomanía por parte de varios camaradas. No, la revolución no será televisada, al menos en MTV.

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El músico de Los chikos del maíz, Ricardo Romero (Nega).

¿Por qué Trump?, George Lakoff. El autor de No pienses en un elefante ya nos explicó las causas del huracán que vino después con sencillez y sin caer en los lugares comunes de los mass media. Empero, la sociedad mantuvo su apuesta por estos últimos. El resto es otra historia.

La rampa, Javier Gómez Santander. Pequeña gran historia que da sentido a todo. Muy inspiradora, y supongo que liberadora para su autor. Como lector solo puedo agradecérselo.

Civil War: un reflejo invertido, Josu Gómez. Hubo un tiempo en el que las historietas constituían una forma más de entretenimiento. Hoy en día encierran importantes dilemas filosóficos y políticos, como la saga recientemente llevada al cine Civil War, de Marvel Comics. En ella observamos como unos superhéroes autoproclamados adalides de la Justicia y de la Verdad se enfrentan a otros con la conciencia igual de tranquila, pese a defender exactamente lo contrario. De lo difícil que es tomar partido y lo fácil que es caer en contradicción va este ensayo, publicado en el magazine mensual y gratuito de Panini, solo disponible en tiendas de tebeos.

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En la era de la prosa cipotuda, Iñigo F. Lomana. En mi irrelevante opinión, el artículo del año. Su autor no tiene piedad con las actuales superestrellas del gremio de los juntaletras, creadores de un género autoficcional repleto de sangre, sudor y lágrimas que bautiza como “cipotudo”. A más de un tahúr se le desmoronará su castillo de naipes. Me encanta.

PD: Pido perdón por todos aquellos textos que deberían estar en esta lista y han sido olvidados. También por los que tendría que haber leído y no pude o no quise. Se exigen críticas y recomendaciones para recopialaciones venideras.  

 

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