Cómo vivir una feria que se muere

 A Linares, y a su feria, les salva la gente. Suena a topicazo, a las típicas palabras de consuelo cuando las circunstancias son del todo adversas. Pero en este caso es verdad. Si no fuera por las personas, por sus historias particulares y su loable ejercicio de socialización a través de las quedadas para ir al botellón, a las casetas, a los conciertos, al teatro o a dar una vuelta por el recinto, la Feria de Linares no valdría nada.

Un paisano argumentó en su blog cómo nos habíamos cargado la feria de Linares, un proceso que comenzó con el cambio de recinto. El nuevo resulta impersonal, frío, y desproporcionado. Y el Paseo de Linarejos, otrora iluminado para la ocasión y repleto de puestos, vendedores ambulantes y transeúntes, hoy permanece casi inhóspito. No le falta razón.

Discrepo en su nostalgia por el suelo de albero, dado que la sensación de volver a casa con las sandalias hasta arriba de arena pertenece a esa categoría de recuerdos infantiles desagradables que nunca consigues olvidar. En cualquier caso, coincido en que nuestra feria actual se asemeja más a la de un pueblo cualquiera que a la de la importante ciudad de Andalucía que un día fuimos.

Otro paisano, muy activo a la hora de organizar eventos, explicaba con conocimiento de causa a través de las ondas radiofónicas lo complicado que es montar un caseta y el enorme gasto que conlleva. La buena voluntad es imprescindible, pero no garantiza nada.

Recuerdo, no hace tanto, la cantidad de atracciones y actividades que uno podía encontrarse en las fiestas linarenses. No faltaban iniciativas para los más pequeños, y la cabalgata inaugural superaba a la de Reyes. Además, cualquiera se lo podía pasar de lujo, dado que la oferta era diversa y plural: a quien no le gustara la tauromaquia o el certamen de Tarantas siempre podía ir a un concierto de Ska-P o Mago de öz.

Esa feria ya no existe. La diversión “pasiva” no es posible, simplemente porque la oferta, la demanda y los medios siguen enredados en esa siniestra espiral de reducirse unos a otros.

¿Qué nos queda entonces? Pues, aparte de la jornada liguera en Linarejos para los que somos futboleros  y un par de obras de teatro más que decentes en el Cervantes, lo que salva a la feria y fiestas de San Agustín es su público. Porque la feria no es solo una serie de infraestructuras, tampoco una sucesión de espectáculos. Ni mucho menos una excusa para emborracharse, aunque cada vez más lo crean así y lo único que aporten a la comunidad sea desperdicios.

El ministro” y “Nuestras mujeres”, las dos obras teatrales de la última feria. Foto via eresclave.es

Vivir la feria es conocer gente nueva y reencontrarse con viejos amigos. Y permitirse el pequeño lujo de cambiar tu horario durante unos días, en los que trasnochar dejará de ser una excepción y el cansancio diurno parecerá una norma. Y arreglar el mundo vaso en mano, rodeado de quienes con toda probabilidad no desempeñen ningún cargo importante, pero que siempre tendrán algo que decir. Porque la feria es sinónimo (o al menos lo fue) de  alegría en el rostro de la gente, y mientras esta siga existiendo las fiestas tendrán su razón de ser.

Los tiempos cambian, también nosotros. La feria tal como la conocíamos nunca volverá. En cuanto a mí, salir hasta que el cuerpo aguante con los de siempre para hacer lo mismo ya no me llena. Puede que sea hora de invitar a los amigos de fuera que he hecho durante estos años, ofreciéndoles mi casa y enseñándoles todo lo que acontece en la llamada novena provincia de Andalucía.

Fue precisamente esa apertura hacia los demás la que permitió crecer a la ciudad de Linares a finales del siglo XIX, y creo que es tiempo para recuperarla. Puede que en la próxima feria.

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5 comentarios sobre “Cómo vivir una feria que se muere

  1. Una feria andaluza que no transcurra sobre el albero, ni es andaluza ni es ná. Quien va a la feria tiene que llenarse los pies de polvo (negro si hace falta) como el que sale de costalero tiene que hacerse un verdugón en el morrillo. Si no, es que no has ido.

    A pesar de esta pequeña discrepancia, acertado análisis de la actual situación de la Feria de Linares. Gracias por mencionarme y gracias por demostrar que aún queda alguien que se preocupa por Linares y sus costumbres.

    Seguimos leyéndonos.

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  2. TIENE SENTIDO UN MODELO DE FIESTA HEREDADO DEL SIGLO PASADO ? ¿TENDRÍA QUE REPENSARSE OTRA MANERA DE ENCUENTRO FESTIVO? “TAN NECESARIO” , COMO DICEN, EL MODELO DE VIVIR LA FERIA BASADO EN EL ESPECTÁCULO HA MUERTO CON SU MISMA RECETA, ESTAMOS SATURADOS DE ESPECTÁCULO , MULTIPLES FUENTES DE EXPOSICIÓN , MAS ECONÓMICAS, MAS CÓMODAS E INMEDIATAS, EL CONSUMO TAMPOCO ESTA EN MEJOR POSICIÓN. CON UNA ECONOMÍA EN DECLIVE Y CON LA TOMA DE CONCIENCIA DE CONSUMIR LO INDISPENSABLE , ASI QUE ESOS DOS PILARES TAN PRESENTE EN LAS FERIAS PASADAS DEBERÍAN SER SUSTITUIDOS …EMPIECE EL DEBATE!!!!!!!!

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