Crónicas del Gachi

Ciudad, campo, aire

Nadie valora lo propio hasta que deja de serlo. Sobre todo lo inmaterial: un paisaje, un clima, tus costumbres, tus paseos. Las pequeñas cosas de la vida no son espectaculares; son sencillamente nuestras. Lo comprobé tras una vuelta por el paseo de Linarejos, en dirección a la vía verde que conecta con La Cruz y Vadollano. Un lugar que nunca antes aprecié como debía.

Hacía una temperatura ideal, al menos para los autóctonos. El sol apretaba, aunque estaba lejos de ahogar. Los 700 u 800 metros entre la fuente de La Paloma y el Zapatones (la estatua de Andrés Segovia) son ideales para entrar en calor, en sentido literal metafórico.

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Justo después, uno se topa con los Jardínes de Doña Luci, conocidos como “el parque de la Virgen” o “donde se hace botellón en la feria”. Se trata de un lugar tranquilo el resto del año. Tal vez demasiado. Es bien sabido que bajo la sombra de los árboles se cierran grandes acuerdos, siempre lícitos, casi nunca legales. Pero camellos, chulos y estraperleros se andan con sumo cuidado, más aún durante los días que la basílica de la Virgen de Linarejos se viste de gala para celebrar sus fiestas patronales, entre finales de mayo y principios de junio. Posiblemente, los mejores días en tales latitudes.

No es Linares un pueblo muy devoto a su Virgen. Todo el mundo la respeta, y en los colegios los niños siguen cantándole y ofreciéndole sus dibujos, que cada curso acaban expuestos en el interior de la iglesia. Pero los más mitómanos ya se han buscado otras figuras a las que rendir pleitesía. Gente que sabe enumerar más vírgenes que apóstoles, cuando en realidad solo hubo una frente a los 12. Nunca dejará de sorprenderme.

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La vía verde se ubica justo detrás del templo. A partir de aquí, nuestros ojos presenciarán todo un espectáculo de flora, fauna y olores. Siempre con un aire, cálido y perfumado, muy característico del ese paisaje.

La industria y los olivos ceden poco a poco el terreno a las antiguas minas y a los eucaliptos, jaramargos y demás plantas salvajes. La huella antrópica se diluye, la presencia humana permanece, encarnada en corredores, ciclistas y paseantes que han decidido tomar el aire. Es curioso, pero al cruzarte con tales transeúntes, puedes perfectamente resumir los tipos generales de naturaleza humana. A saber: aquellos que saludan al cruzarse contigo, los que solo lo hacen si tú tomas la iniciativa y los que, por la razón que sea, pasan del prójimo.

Igual de curiosa resulta la voluntad azarosa del paso del tiempo. Donde antaño se localizaban minas de plata y plomo, ahora solo se vertebran sus ruinas. Donde antes afloraba riqueza y acudía capital extranjero interesado y pudiente, además de inmigrantes paquistaníes dispuestos a trabajar en aquello que los autóctonos evitaban, ahora se ubica uno de los municipios con más paro de España. Un pueblo en el que cada día aumentan los locales vacíos, los negocios en liquidación y la lista de prejubilados, cuyos hijos se ven obligados a buscarse el pan lejos de casa ante la falta de oportunidades.

La reconversión industrial primero, y la comercial después, corrieron en Linares la misma suerte que la democracia en Rusia: nunca acabaron de consolidarse. Y al igual que en la patria de Tolstoi, aquí siempre lo paga el pueblo.

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Pero nos sigue quedando el consuelo de ser una de las ciudades más sociales del mundo, como desveló hace poco Europa Press. Y de saber conjugar el verbo tapear, que no presenta las mismas formas que ir de pintxos. O el de tener caminos en los que perderse sin salir de la ciudad. Al ritmo que el mundo cambia y el ecosistema se degenera, no deja de ser un privilegio el poder pasear por una vía verde, espacio de resistencia a las homogéneas y globalizadas junglas de asfalto y polución.

Seguimos necesitando a la naturaleza y al ejercicio como al aire que respiramos. Para cargar las pilas y desestresarse. Por ejemplo, rompiendo la rutina de estudio para hacerla más productiva. Y porque nunca está de más reconciliarse por enésima vez con tus raíces, con tus recuerdos, con el paisaje y el aire de tu tierra.

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Estuvo muy acertado Rilke al afirmar que uno no tiene más patria que su infancia. Será por eso que aun habiendo estado en más y mejores lugares, siga extrañando Linares cuando llevo demasiado tiempo fuera. Y tal vez sea esa la razón por la que disfrute tanto al volver, como aquella tarde soleada de finales de mayo, paseando por la vía verde. Tomando aire, ni más ni menos.

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Libros y escritura

Fragmentos de Stefan Zweig, un europeo universal

Cuestionar qué unifica a Europa vuelve a estar de moda. El escritor austriaco Stefan Zweig siempre lo tuvo claro: su espíritu, entendido como el riquísimo legado intelectual producto de varios siglos de historia y civilización, universalista y nada excluyente. En la obra El legado de Europa (Editorial Acantilado) se recopilan varios ensayos que reflejan el alma europea que impregnó Zweig, poco antes de que se quitara la vida en Brasil, desprovisto de toda esperanza de cambiar un mundo que se venía abajo. O tal vez celoso de que ese mundo decadente le cambiase a él.

Comparto aquí varias reflexiones incluidas en el libro, ideales para estos tiempos tan turbios e irracionales. Disfrutadlas, compartidlas, y sobre todo, ponedlas en práctica. Lo necesitamos.

Stefan Zweig, foto via abc.es

“Yo soy cualquier cosa antes que un escritor de libros, Mi cometido es dar forma a mi vida. Ésa es mi única vocación, mi única misión”

“Escribir y acotar no es para él más que un subproducto, un sedimento; casi cabría decir maliciosamente que como la arenilla en su orina, como la perla en su ostra. El producto principal es la vida, de la que no son más que la esquirla y un deshecho: mi vocación, mi arte, es vivir. Son aproximadamente lo que puede ser una fotografía para una obra de arte, no más. En él (Michel de Montaigne), el escritor es una sombra del hombre, mientras que nosotros, por lo general, admiramos mil veces más en los hombres la grandeza de escribir y la pequeñez de su arte vital”

“En la naturaleza nada es inútil, ni siquiera la inutilidad. Nada existe en el universo que no esté en su lugar adecuado. Montaigne ama lo feo, porque da relieve a la belleza; el vicio, porque destaca la virtud; y lo mismo cabe decir de la estupidez y el crimen. Todo es bueno y Dios bendice la diversidad. Es importante lo que dice el hombre más simple, con los ojos abiertos se puede aprender hasta de los más necios, y de los analfabetos más que de los ilustrados. “

(Capítulo sobre Michel de Montaigne)


Jaurès se echó a reír y dijo: pero cabalmente hay que ser como ella, obstinados y duros con el idealismo. Las grandes verdades no entran de golpe en el cerebro de la humanidad, ¡hay que machacar una y otra vez, clavo tras clavo, día tras día! Es un trabajo monótono y desagradecido, pero no deja de ser importante.”

(Capítulo sobre Jean Jaurès)


“Rolland sabe que si realmente quiere ser un verdadero poeta y artista, sólo puede serlo en el sentido de un hombre auxiliador, que debe poner en juego toda su existencia y transformarla en una actitud de bondad y ayuda, en una actitud de disponibilidad personal.”

(Capítulo sobre Romain Rolland)


Pero en cada especialización, cualquiera que sea su ámbito, comporta un peligro, y quien ha decidido vivir y considerar el mundo como un microcosmos, es fácil que como artista pueda perder el sentimiento de proporción ya que, habituado como está al campo visual de su estrecho marco, otorga a lo pequeño una grandeza de alcance universal, confundiendo lo banal con lo singular y lo cotidiano con lo interesante, a la vez que olvida, como el especialista de cualquier ciencia, que el mundo de su especialidad personal no coincide con el de la realidad absoluta.”

(Capítulo sobre C.F. Ramuz) 


“Se vio obligado a convertirse en una persona callada y a hablar a la gente siempre con una voz secretamente deprimida y delicadamente cuidadosa. Y  ese estarse callado, ese sentir todo lo callado y oculto del alma, es lo que constituye su auténtico genio. Jens Peter Jacobsen es uno de los máximos acuarelistas de la palabra.”

(Capítulo sobre Jens Peter Jacobsen)


“Pensando y meditando continuamente por qué el destino le golpeaba tan duramente a él, precisamente a él, que no había hecho sufrir a nadie, que en los años de privaciones se había mantenido sereno y humilde y que en los breves años de felicidad no se había desmandado, bien pudo pudo sobrevenirle el recuerdo de aquel otro de su sangre que se había dirigido a Dios con la misma pregunta desesperada: ¿Por qué, por qué a mí, por qué precisamente a mí?”

“No, éste no es momento para los propios sentimientos personales, porque nos encontramos en medio de una guerra espiritual, y hasta en su puesto más peligroso. Amigos míos, ese puesto avanzado y sacrificado, se nos reserva hoy a nosotros, los artistas, los escritores de la emigración. En esta hora ni siquiera podemos reconocer cual es el sentido íntimo de nuestro cometido.Quizás al mantener este bastión solo tenemos que ocultar al mundo el hecho de que dentro de Alemania la literatura ha sufrido desde Hitler la derrota más lamentable de la Historia y que está a punto de desaparecer por completo del campo visual europeo.”

Capítulo sobre Joseph Roth) 


 

“De nuevo los pueblos se dejan engañar por quienes les dicen que están amenazados por sus vecinos, que deberían armarse, que su honor les exige esto y aquello, y así, vuelven a desfilar en uniforme, a desplegar banderas y a fabricar cañones, dispuestos ya internamente a los viejos juegos sangrientos y desvariados. ¿Cómo ha podido ocurrir esto?, nos preguntamos quienes hemos vivido el cambio este año. El comienzo está claro: en todos los países, los culpables y los responsables, que temen la verdad, se han enfrentado a ésta y han vuelto a encaramarse, país tras país, en las viejas mentiras; pero nunca podría haber prosperado ese miserable juego político de la autoconservación si la gente, con su increíble fatiga y con su pereza mental, no les hubieran proporcionado una ayuda: la voluntad embrutecida de ignorar la verdad.”

“Cualquier diputado europeo sabe que la pasada guerra fue para Europa lo que fue la Guerra del Peloponeso para Esparta y Atenas: el éxito momentáneo de un partido y la decadencia de toda una cultura.”

(Capítulo “La tragedia de la falta de memoria”) 


“Por tanto nuestro deber será siempre no admirar el poder en sí, sino sólo a las escasas personas que lo consiguieron de forma honrada y justa.”

(Capítulo “¿Es justa la historia?”) 


“Sus sabios reconocieron que la ciencia aislada de un pueblo por sí sola no podría por sí sola comprender la infinitud, y pronto los ilustrados cayeron en la cuenta de que el intercambio de conocimientos aceleraba el progreso común; los poetas tradujeron las palabras de los hermanos a las suyas propias y la música, la única de las artes que está libre de la estrecha atadura de la lengua, inspiró por igual los sentimientos de todos”.

(Capítulo “La torre de Babel”) 


“A nadie debemos estar más agradecidos que a quienes, en un época tan inhumana como la nuestra, refuerzan lo que hay de humano en nosotros, a quienes nos exhortan a no malbaratar lo singular e inalienable que poseemos, nuestro “yo” más íntimo. Pues sólo quien se mantiene libre frente a todo y frente a todos aumenta y preserva la libertad del mundo.”

(Epílogo)

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Crónicas del Gachi

Memorias azulillas desordenadas

Recuerdo la primera vez que fui a ver un partido de fútbol en vivo. En concreto, al viejo municipal de Linarejos. Aquella tarde, un sábado del ocaso primaveral, lucía un sol radiante, aunque el calor era aún soportable. Apuré mi partida al Yoshi Island, mítico juego de la Super Nintendo, hasta que unos amigos de mi padre nos recogieron, a mí y a mi abuelo. No recuerdo el rival, tampoco la categoría (¿Tercera, tal vez?) solo el resultado: 2-1, con remontada incluida. Esa tarde aprendí que lo importante no es cómo empieza todo, sino la manera en que termina. Una enseñanza que no me abandonaría nunca.

Pasó un tiempo hasta que volví al estadio por segunda vez. Esta vez sí tengo una imagen más nítida. El adversario fue el filial del Recreativo de Huelva, equipo que acababa de subir a la división de oro ese año. Sus canteranos querían redondear la gesta con otro ascenso a Segunda B superando al Linares. Aparentemente, teníamos la sartén por el mango al haber derrotado al Tomelloso y al Don Benito, pero en esto del fútbol nunca se sabe.

El  equipo azulillo me enseñó la tan arriesgada costumbre de procastinar, empatando a nada aquella tarde y dejando sus deberes pendientes para la semana siguiente, en la capital onubense. Pero nuca es demasiado tarde si la dicha es buena. Y si el qué merece la pena, el dónde, el cómo y el cuándo son y serán siempre secundarios. De esa forma memoricé mi segunda y tercera lección balompédica, respectivamente.

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De los años en Segunda B guardo recuerdos muy variados. Desde destituciones de entrenadores notables como Vicente Campillo o José Antonio Vázquez Bermejo a la llegada de otros que cumplieron de sobra su cometido como Juan Carlos Álvarez o el inolvidable Pedro Pablo Braojos.

También de jugadores que si bien vinieron desde fuera, se convirtieron en el alma máter del equipo (me vienen a la cabeza los nombres de Óscar Benito, eterno guardameta y ahora segundo entrenador, y el todavía líder de la zaga y capitán Francisco Pérez, “Chico“). Un perfil que encaja muy bien con la sociedad linarense, al tratarse de una ciudad construida por forasteros que quisieron y supieron integrarse a gracias al buen hacer en su trabajo. Tal y como hicieron ellos.

Aunque quisiera, no podría olvidarme de nuestras “estrellas” cuyo nombre se coreaba al unísono en las gradas: Gabriel “el tanque” Bordi, Romerito, la “gaviota” Catanha (cuyos cromos con la elástica del Celta aún conservo), Moncho, Dani Bouzas, Pedro Díaz, Cidoncha, David Gallo, Sergio Postigo, Oscar Ventaja

En cualquier caso, admito que el jugador que más me impresionó en Linarejos por su entrega y energía fue Jorge Troiteiro. Hasta el día que observé a Sneijder en Anoeta, creo que su último partido con el Real Madrid, nunca antes había visto tantas carreras, sprints y recuperaciones de balón tan seguidas y sin casi despeinarse.

Siempre me llamaron la atención los guardianes del arco. Me sentía indentificado con ellos porque solía jugar casi siempre de portero, aparte por la soledad y el exceso de responsabilidad que les caracteriza. Recuerdo como conseguimos sacar de Euskadi a uno que empezó muy bien y se fue por la puerta de atrás, de nombre Garikoitz Basauri. Y a Moso, al que veía en la tele (cuando retransmitían los partidos de Segunda los sábados) con la elástica del Pontevedra. Y a los “Manus” (Martínez y Arroyo). Si las porterías de Linarejos pudiesen hablar, seguro que podrían contarnos mil y una anécdotas, tics y manías de cada uno de ellos.

Pero el jugador número doce, que no es otro que la afición, ha ido siempre unido a mi memoria cuando pienso en el Linares. Por ejemplo, al llenar un campo de 10.000 localidades en partidos de 2ªB y Tercera, cuando varios equipos de superior categoría apenas reúnen la mitad. También me viene a la cabeza la corona fúnebre que solía recibir Josu Ortuondo cuando volvía a Linarejos, ya como entrenador del Extremadura de Almendralejo. O el buen rollo con las aficiones del Córdoba, Poli Ejido, Écija, Racing de Ferrol, Zamora, Pozoblanco y otros tantos, así como de la rivalidad y los piques con el Cartagena, Granada, Las Palmas y sobre todo el Real Jaén.

Rivales dignos 034D7JAE-DJA-P1_1hubo unos cuantos. Cómo olvidarse del duelo fraticida por los puestos de ascenso con el Racing Portuense, escuadra que nos humilló en Linarejos y que además nos eliminó de la Copa del Rey, si bien, casi al final de la temporada, les vencimos a domicilio. Acabé cogiendo cariño a aquel equipo. O el todopoderoso Cádiz CF, quienes demuestran constantemente que la 2ªB se les queda pequeña. Recuerdo, un año que ascendieron, que fueron incapaces de ganar en Linarejos. O el filial sevillista, por el que desfilaron unos Ramos, Navas, Capel, Puerta y varios peloteros que acabarían consolidándose en el fútbol español. El Sevilla B, luego Sevilla Atlético, era el equipo que medía el pulso de la categoría de bronce. Los “grandes”, dirigidos por Joaquín Caparrós en aquel tiempo, también nos visitaron en un cruce de la Copa del Rey. Se llevaron la eliminatoria, aunque el “premio” fue nuestro al haber llegado hasta allí eliminando previamente al Leganés, todo un Segunda.

Hace ya seis años, el chiringuito se fue al traste. Espantada de Junta Directiva, deudas y salarios impagables, disolución. Algunos jugadores (Fran Carles, Corpas, Navas…) decidieron emular a Buffon, y, como el portero de la Juve, antepusieron el club a su carrera. Sin ellos, la gesta de cuatro ascensos en seis años hubiera sido del todo imposible.

Fue doloroso aquel final. El verdadero aficionado, el que se compraba su abono y era un fijo cada dos semanas en las gradas de Linarejos, no se merecía un descenso por razones extradeportivas. Tampoco los jugadores que se dejaron la piel clasificándose durante tres temporadas consecutivas para el play-off a Segunda División.

Ahora, de nuevo en el lugar que nos corresponde, toca aprender de los errores. Primero, no dejándose llevar por las prisas, queriendo conseguir todo a cualquier precio y por la vía rápida. Ni permitiendo que el club deje de ser de sus socios, por y para ellos, lo que significará desconfiar de los inversores ajenos al fútbol que prometen el Cielo en la Tierra.

Es tiempo de apostar por la cantera, porque tarde o temprano dará sus frutos. Cultivar buenas relaciones con otros clubes y aficiones, pues siempre es agradable ser respetado fuera, y nunca se sabe cuando te puede venir bien que te echen un cable. Y por último, ser fiel. El verdadero drama de este ascenso no será volver a descender el año que viene, sino encontrarse un campo medio vacío, con más camisetas del Barça o del Madrid que azulillas. Por eso, desde aquí, me comprometo a subir a Linarejos siempre que esté por Linares y que el equipo juegue como local.

Suele decir en sus homilías Alberto Jaime, párroco de la iglesia de San Francisco de nuestra ciudad, que te derrotan no quienes te tiran al suelo, sino los que te roban la alegría. En estos seis años nada ni nadie lo ha conseguido, por eso hemos vuelto. No nos dejemos vencer ahora, en la categoría que nunca debimos perder.

Aunque viendo cómo ha transcurrido todo este año, no creo que eso suceda. En cualquier caso, muchas gracias por todo, equipo.

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