Lugares con encanto

Por los caminos de Bilbao

Nunca me cansaré de repetir que las ciudades tienen alma y que cada una es dueña de su propia personalidad. Ninguna es perfecta, todas se complementan y algunas nos resultarán especialmente agradables, al margen de las experiencias que hayamos vivido en ellas. Me sucede con Bilbao, donde experimento un reconfortante sosiego cada vez que voy.

El Botxo, así llamada por sus habitantes, tenía fama de industrial y gris; la más fea de las capitales vascas. “A Bilbao no la salva ni el Athletic” clamaban al unísono guipuzcoanos y alaveses. Y todo continuó de aquella manera hasta que en 1999 llegó a la alcaldía un tal Iñaki Azkuna, cuya buena gestión le permitió ganarse el afecto de sus conciudadanos hasta marzo del 2014, cuando la muerte que le sorprendió en el cargo.

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A Azkuna se le reconocerá siempre su apuesta por la Cultura. Intentó convertir en referente a su ciudad, con la prudencia, eso sí, de quien rehuye de las deudas. Más que un alcalde de Bilbao fue un alcalde de los bilbaínos. Por eso, la ciudad gris e industrial de antaño es ahora verde, colorida y de servicios.

El paseo que bordea la ría de Nervión hasta el casco viejo resulta inspirador hasta para el menos creativo, sobre todo bajo un cielo añil despejado. A su vez, el centro cultural de La Alhóndiga o el parque de Casilda Iturrizar son otros lugares para perderse, bien en solitario, bien en compañía. Y cómo no, siempre habrá bares para reponer fuerzas, ya sea a base de chatos de vino o de tapas, denominados respectivamente txikitos y pintxos en aquellas latitudes.

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El viejo San Mamés, conocido como La Catedral del fútbol, fue derruido en 2013 para dar paso a otro estadio con el mismo nombre, que conserva el emblemático arco del anterior. A los leones se les había quedado pequeño, señal inequívoca de que el tiempo transcurre inexorablemente hacia delante. Oponerse es inútil; siempre es mejor convertir al Progreso en tu aliado. Los bilbaínos lo entendieron a tiempo.

El nuevo Bilbao, al igual que el nuevo San Mamés, pertenecen al siglo XXI sin haber perdido la esencia de tiempos pretéritos ni haber traicionado la memoria de quienes los vivieron. Motivo más que suficiente para darse una vuelta por la villa. No os arrepentiréis.

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PD: Dicen también que los bilbaínos son un poco fanfarrones, con el derecho a nacer donde les da la gana, aunque siempre fieles a su ciudad, capital y centro del mundo. El buen estado de la urbe y un carácter más abierto y afable que el de la mayoría de sus vecinos hace que se les “perdone” rápido. Al fin y al cabo, ellos no tienen la culpa de ser de Bilbao. 

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2 comentarios en “Por los caminos de Bilbao

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