Por los caminos de Bilbao

Nunca me cansaré de repetir que las ciudades tienen alma y que cada una alberga su propia personalidad. Ninguna es perfecta, todas se complementan y algunas nos resultarán en especial agradables, al margen de las experiencias que hayamos vivido en ellas. Me sucede con Bilbao, donde experimento un reconfotante sosiego inmerso en su paisaje.

El Botxo, sobrenombre que recibe por parte de sus habitantes, tenía fama de industrial y gris. De ser la más fea de las capitales vascas. “A Bilbao no la salva ni el Athletic” clamaban al unísono guipuzcoanos y alaveses, celosos de los éxitos de la escuadra rojiblanca. Y todo continuó de aquella manera hasta que en 1999 llegó a la alcaldía un médico de nombre Iñaki Azkuna, cuya visión y buena gestión le permitió ganarse el afecto y la confianza de sus conciudadanos hasta el día de su muerte, a finales de Marzo del 2014. Una muerte que le sorprendió en el cargo, como no podía ser de otra forma.

CIMG2023

CIMG2024 CIMG2025

CIMG2026

Si bien el museo Guggenheim ya estaba en mente del Gobierno Vasco desde principios de los noventa, a Azkuna se le reconocerá siempre su particular apuesta por la Cultura, de la que intentó convertir en referente a su ciudad, con la prudencia y cautela de quien rehuye de las deudas. Más que un alcalde de Bilbao, o del PNV, fue un alcalde de los bilbaínos. La ciudad gris e industrial de antaño es ahora verde, colorida y de servicios.

El paseo que bordea la ría de Nervión hasta el casco viejo resulta inspirador hasta para el menos creativo, sobre todo bajo un cielo añil despejado. El centro cultural de La Alhóndiga o el parque de Casilda Iturrizar son otros lugares para perderse, bien en solitario, bien en compañía. Y cómo no, siempre habrá bares para reponer fuerzas, ya sea a base de chatos de vino o de tapas, denominados respectivamente txikitos y pintxos por aquellas latitudes.

CIMG2027

CIMG2030

CIMG2031 CIMG2032  CIMG2035

CIMG2037CIMG2034

El viejo San Mamés, conocido como La Catedral del fútbol, fue derruido en 2013 para dar paso a otro estadio con el mismo nombre, que conserva el emblemático arco del anterior. A los leones se les había quedado pequeño, señal inequívoca de que el tiempo transcurre inexorablemente hacia delante, como bien advirtieron los poetas del Siglo de Oro. Oponerse es inútil; siempre es mejor convertir al Progreso en tu aliado. Los bilbaínos lo entendieron a tiempo.

El nuevo Bilbao, al igual que el nuevo San Mamés, pertenecen al siglo XXI sin haber perdido la esencia de tiempos pretéritos ni haber traicionado la memoria de quienes los vivieron. Motivo más que suficiente para darse una vuelta por la villa. No os arrepentiréis.

CIMG2041 CIMG2039

CIMG2042

PD: Dicen también que los bilbaínos son un poco fanfarrones, con el derecho a nacer donde les da la gana, mas siempre fieles a su ciudad, capital y centro del mundo. El buen estado de la urbe y un carácter más abierto y afable que el de la mayoría de sus vecinos hace que se les “perdone” rápido. Al fin y al cabo, ellos no tienen la culpa de ser de Bilbao. 

Anuncios

2 comentarios sobre “Por los caminos de Bilbao

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s