Crónicas del Gachi

El inexistente embarcadero de Giribaile

Ubicado en la minúscula aldea de Guadalén (tanto que no tiene ni Ayuntamiento), el pantano de Giribaile debe su nombre a una fortaleza musulmana construida allá por el siglo XII. De ésta queda en pie lo que pervive de la civilización islámica en España. Puede que incluso menos.

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Durante los años de elecciones, a los políticos les entra una ansiosa y repentina prisa por inaugurar cosas. En la tan surrealista tierra de Andalucía, hasta hace poco en el ojo del huracán, este fenómeno se multiplicó por infinito. El problema, sobre todo en la comarca de Linares, es que ese verbo no significa absolutamente nada.

De tal forma que si bien no ha mucho la prensa anunció la construcción y apertura de una nueva carretera que llevaba hasta un área de servicios y actividades, con el aliciente turístico de un embarcadero abierto al público, aquel día ambos seguían por completo inoperativos. Ojalá hubiera sido al revés, quedando pendiente la foto oficial y no su puesta en funcionamiento. En fin, cosas de nuestra tierra.

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El paseo, al menos, sí resultó agradable. En aquel páramo el asfalto negro irradiaba calor. No había viento, tampoco demasiadas nubes. El sol estaba presente y votando, como no podía ser de otra forma un Sábado Santo a las cinco de la tarde. Olía a hierba en los primeros y últimos tramos, a estiércol y animales en los intermedios, señal inequívoca de que no estábamos solos en aquellos parajes. Los olivos se disputaban su hegemonía con encinas salvajes. Por estos lares la cohabitación aún es posible. Ya podrían aprender ciertos parlamentarios de los árboles, aunque solo sea a comportarse delante de las cámaras.

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– Nuestro gozo en un pozo. Bueno, en un embalse, pa’ ser exactos- comentaban otros transeúntes mientras se daban la vuelta. Aquella tarde varias decenas de individuos fuimos víctimas de la propaganda electoral. Así, cualquiera gana unas elecciones.

Aunque en realidad, poco me importó aquel engaño. El campo  trasmite un sosiego y una paz ausente en las ciudades. Tal vez se deba a que en la naturaleza, es el sol, y no el reloj, quien gestiona el transcurso del tiempo. Por experiencia, sé que da más rabia perder el metro o el bus a primera hora de la mañana que perderse toda una tarde en cualquier entorno rodeado de árboles. Además, hacía buen tiempo y estaba de vacaciones, recién llegado del norte. ¿Qué más podía pedir?

Espero que cuando vuelva a Linares, supongo que en época estival, esté inaugurado “de verdad” el embarcadero. El proyecto tiene buena pinta y será un éxito. Siempre que el tiempo y sobre todo el civismo de la gente lo acompañen.

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PD: Aquel día también disfruté haciendo fotos. Creo que varias me salieron bien. Juzguen ustedes.

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Crónicas del Gachi

Semanasanteando

La Semana Santa, la segunda feria de Linares, me despierta emociones contradictorias. He de aclarar que nunca la he vivido más allá del rol de espectador. Aunque tampoco me he planteado alguna vez un papel distinto, siendo francos.

El carácter folclórico de un pueblo cada vez más deprimido, unido al respeto unánime a la tradición religiosa y sobre todo popular resultan poco menos que encomiables. Pero no vale engañarse: toda fiesta, religiosa o pagana, encierra cierta dosis de frivolidad que no deja en buen lugar al lugareño que la consume. Respeto la Semana Santa de Linares, y me gustaría que existiera siempre, mas creo que nunca llegaré a vivirla, tampoco a formar parte de ella. Y espero que me disculpen los que sí lo hacen.

Rescate, Nazareno, Expiración, Santo Entierro o “Resucitao”, toda procesión adopta el nombre del momento de la pasión de Cristo al que hacen alusión, y si bien aparecen por orden cronológico, en determinados puntos de la ciudad podrás ser testigo de un anacronismo evangélico. Dicho esto, no conozco vecinos que hayan protestado alguna vez. O no se dan cuenta, o no les importa. Quizás ambas cosas.

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Sea como fuere, siempre hay quienes rinden un mayor culto a las vírgenes. Cada paso tiene la suya propia. Existe cierta competencia, me imagino que al igual que entre las distintas peñas de un mismo equipo de fútbol o en las diversas escisiones de las partidos políticos de izquierdas. En estos casos conviene recordar que madre no hay más que una. Deberían preguntar nociones mínimas del catecismo antes de formar parte de cualquier cofradía. Por ejemplo, el episodio de la adoración del becerro de oro, en el Antiguo Testamento. Y todo el Nuevo, no solo el tramo final.

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A veces me gustaría ser extranjero en mi propia ciudad. Así podría sorprenderme de los entramados y calles locales, quedar estupefacto ante la devoción (rayana en la idolatría) de cofrades, costaleros y músicos, adivinar lo que pasa por las cabezas de tantos rostros desconocidos, fotografiar sin descanso a penitentes, pasos y figuras. Nada de eso ocurre. Supongo que es el precio a pagar por haberte criado un determinado lugar y ambiente.

Cada vez creo con más firmeza que el alcoholismo y las distintas adicciones no son sino la respuesta natural de quienes han renunciado o les ha sido extirpada toda capacidad de asombro. Todos necesitamos entretenernos, y para hacerlo bien debemos quedar impresionados, ya sea de manera natural o artificial. Drogarse es la manera que tienen los más insensibles de estimular su goce. Otros lo logran mediante los pasos de Semana Santa. La mayoría, sin embargo, compaginan lo uno y lo otro, al menos en mi ciudad.

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Durante la Semana Santa linarense, el catalán se convierte en el segundo idioma. Por delante del castellano si indisociamos a este último del andaluz. Hijos y nietos recorren el camino inverso que padres y abuelos a mediados de un siglo veinte grabado en fotos color sepia. Es fácil reconocerlos: si ves a alguien en un bar de la ciudad tomando tapas antes de la una de la tarde, puedes dar por hecho que viene de más allá de Despeñaperros.

Los lunes de Pascua no son festivos en Linares. Todo lo contrario; tras una semana de celebración en celebración, de golpe toca volver a clase o al trabajo. La cuesta de Pentecostés. No obstante, solo afecta a los más afortunados. ¡Quién pudiera currar! clama un sector de desempleados cada vez más amplio. Hoy solo desean recuperar aquello que antaño les hacía desgraciados. Cruel paradoja, tanto o más que aquella de festejar la Pasión y Muerte mientras se maldice la Resurrección.

En cualquier caso, todo el mundo tiene derecho a tomarse un respiro, a olvidar sus penas, a manifestar su fe y devoción, a reencontrarse con la familia y reconciliarse con sus raíces. La Semana Santa no es solo eso, mas todo eso es Semana Santa. Si no existiera habría que inventarla.

Y a pesar de quinquis, marrulleros, catetos de provincia o fervientes militantes del postureo que proliferan por las calles de Linares en estas fechas, prefiero esta celebración tradicional que cualquier otra prefabricada y posmoderna, no exenta de los excesos -ni de los defectos- que conforman la sociedad de hoy en día. Y con tales palabras me despido de ella. Hasta el año que viene, supongo.

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Lugares con encanto

Por los caminos de Bilbao

Nunca me cansaré de repetir que las ciudades tienen alma y que cada una es dueña de su propia personalidad. Ninguna es perfecta, todas se complementan y algunas nos resultarán especialmente agradables, al margen de las experiencias que hayamos vivido en ellas. Me sucede con Bilbao, donde experimento un reconfortante sosiego cada vez que voy.

El Botxo, así llamada por sus habitantes, tenía fama de industrial y gris; la más fea de las capitales vascas. “A Bilbao no la salva ni el Athletic” clamaban al unísono guipuzcoanos y alaveses. Y todo continuó de aquella manera hasta que en 1999 llegó a la alcaldía un tal Iñaki Azkuna, cuya buena gestión le permitió ganarse el afecto de sus conciudadanos hasta marzo del 2014, cuando la muerte que le sorprendió en el cargo.

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A Azkuna se le reconocerá siempre su apuesta por la Cultura. Intentó convertir en referente a su ciudad, con la prudencia, eso sí, de quien rehuye de las deudas. Más que un alcalde de Bilbao fue un alcalde de los bilbaínos. Por eso, la ciudad gris e industrial de antaño es ahora verde, colorida y de servicios.

El paseo que bordea la ría de Nervión hasta el casco viejo resulta inspirador hasta para el menos creativo, sobre todo bajo un cielo añil despejado. A su vez, el centro cultural de La Alhóndiga o el parque de Casilda Iturrizar son otros lugares para perderse, bien en solitario, bien en compañía. Y cómo no, siempre habrá bares para reponer fuerzas, ya sea a base de chatos de vino o de tapas, denominados respectivamente txikitos y pintxos en aquellas latitudes.

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El viejo San Mamés, conocido como La Catedral del fútbol, fue derruido en 2013 para dar paso a otro estadio con el mismo nombre, que conserva el emblemático arco del anterior. A los leones se les había quedado pequeño, señal inequívoca de que el tiempo transcurre inexorablemente hacia delante. Oponerse es inútil; siempre es mejor convertir al Progreso en tu aliado. Los bilbaínos lo entendieron a tiempo.

El nuevo Bilbao, al igual que el nuevo San Mamés, pertenecen al siglo XXI sin haber perdido la esencia de tiempos pretéritos ni haber traicionado la memoria de quienes los vivieron. Motivo más que suficiente para darse una vuelta por la villa. No os arrepentiréis.

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PD: Dicen también que los bilbaínos son un poco fanfarrones, con el derecho a nacer donde les da la gana, aunque siempre fieles a su ciudad, capital y centro del mundo. El buen estado de la urbe y un carácter más abierto y afable que el de la mayoría de sus vecinos hace que se les “perdone” rápido. Al fin y al cabo, ellos no tienen la culpa de ser de Bilbao. 

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Libros y escritura

Fragmentos kafkiano-metamórficos

“Cuando Gregorio Samsa despertó aquella mañana, luego de un sueño agitado, se encontró en su cama convertido en un insecto monstruoso. Estaba echado sobre el quitinoso caparazón de su espalda, y al levantar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas durezas, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha, visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia”.

“Hablemos de esta plaga de los viajes; cuidarse de los enlaces de los trenes, la comida mala, irregular, relaciones que cambian continuamente, que nunca duran, que nunca llegarán a ser verdaderamente cordiales, y en que el corazón nunca puede tener parte ¡Al diablo con todo!”.

“Gregorio nada podrá hacer por aliviar la nueva, penosa situación de sus allegados, más que desaparecer lentamente de esa escena familiar que despliega una hostilidad creciente y cada vez más angustiosa contra él”.

“Pero así como el amor te corona, también te crucificará, lo mismo que te ayuda a crecer, también te poda”.

“A Gregorio resultábale extraño percibir siempre, entre los diversos ruidos de la comida, el que los dientes hacían al masticar, cual si quisiesen demostrar a Gregorio que para comer se necesitan dientes, y que la más hermosa mandíbula, virgen de dientes, de nada puede servir”.

“Reflexionar serena, muy serenamente, es mejor que tomar decisiones desesperadas”.

“Basta con que procures desechar la idea de que se trata de Gregorio. El haberlo creído durante tanto tiempo es, en realidad, el origen de nuestra desgracia. ¿Cómo puede ser esto Gregorio?Si tal fuese, ya hace tiempo que hubiera comprendido que unos seres humanos vivan en comunidad con semejante bicho. Y a él mismo se le habría ocurrido marcharse”.

“Y cuando, al llegar al término del viaje, la hija se levantó la primera y estiró sus formas juveniles, pareció cual si confirmase con ello los nuevos sueños y sanas intenciones de los padres”.

Foto: ferrandelacierva.com

La metamorfósis (1915) es el más celebre de los relatos escritos por Franz Kafka (1883-1924). Narra la angustiosa historia de Gregorio Samsa, viajante que un día amanece convertido en un insecto descomunal. Las dificultades para adaptarse al entorno con su nuevo cuerpo así como el estigma social y familiar constituyen los ejes centrales de la obra.

Seguramente, y aun resultando paradójico, Gregorio Samsa es el personaje que menos se transforma a lo largo de la trama. Los lectores del libro me entenderán.

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